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  • Piel Alterna

La vida signada

Texto y fotografía por Virginia Mesías

Versos en Vena

Notas sobre escritura poética




Desviaciones (Pez en el hielo, 2020), segundo poemario de Diego Presa, nace en diciembre de 2020, el 8 de diciembre, cuando son suspendidos, por la muerte de Tabaré Vázquez, sus conciertos en el teatro Solís. Libro de poesía que aparece a fines de 2020, el año de la pandemia, de la cuarentena, del encierro y del miedo. La responsable es una editorial independiente, que lleva sus libros en bicicleta a la casa de sus lectores cuando es necesario; aunque ya son varias las librerías que se abren al circuito del colectivo Sancocho, que continúa ampliando espacios en nuestro medio. ¿Por qué la elección de Pez en el hielo para publicar sus versos? Porque se trata de esa frontera, ese límite entre lo amateur y lo profesional que, justamente, es una línea que le interesa, dice el autor.

En la solapa del libro, los datos que se presentan son sobre su trabajo como músico y esa información la escribe él mismo, pero ¿por qué hablar de música si ahora la atención está en la escritura?: «Es lo que tengo para decir», me explica. Diego Presa es integrante de Buceo Invisible, tiene su carrera solista, y también este año, un disco con Julieta Díaz, El revés de la sombra. Es innegable —me responde—, que el público de los escenarios lo siga quizás a las páginas del libro. De allí una diferencia que me interesa, entre la letra de una canción y el poema: ¿cuándo el creador sabe que los versos nacen hacia la música o hacia el papel? Me aclara que estos poemas hubiesen terminado en canciones si lo fueran; por ejemplo, la letra de una canción podría funcionar en el papel, en el caso de sostenerse sin que conociéramos la música.

Luego, me detengo en algunos textos que me resultan más cercanos a la prosa y que, siento, no funcionan con el ritmo de la poesía, lo piensa, abre la posibilidad y comenta reflexionando que se hubiesen escrito o resonado de otra manera si los pensara como prosa. El arte de tapa es de Sebastián Santana con quien Diego trabaja para las portadas de sus discos; de hecho, prefiere la posibilidad de no controlar todo, dejar un espacio donde el otro, en este caso el fotógrafo, pueda intervenir. Le interesó, esta vez, una imagen fotográfica, se trata de un montaje que siente palpitante, vivo.

Su primer libro, Desde el útero de la tristeza, fue una obra iniciática, que buscaba saldar algunas cuentas de la infancia y no siente que este segundo poemario sea una continuidad. Pregunto si se considera un poeta y se ríe: la poesía es un oficio, me dice, el poeta tiene la vida signada por ella, es una manera de estar en el mundo. Agrega que su formación poética tiene que ver con los escritores de canciones, con las imágenes que ellos crean, con el pulso mismo de la canción. Los poetas que elige son Bukowski y Bolaño, por ejemplo. Y el nombre que se destaca sin dudas, es Daurnachans.

Entonces: ¿cuál es el desvío? Es el de la música hacia la poesía escrita (no olvidemos que los recitales de Buceo incluyen lectura de textos poéticos en el mismo escenario que los instrumentos musicales). El desvío ¿es en lo temático, son los textos mismos? Porque el término implica «la separación lateral de un cuerpo de su posición media». ¿Cuál es el medio poético? ¿Dónde se ubica el cuerpo? ¿Es el desvío de los cuerpos desde el escenario a la mesa donde se escribe? Pienso. Quizás —dice— tiene que ver con otras voces, otras formas de decir, con zonas de la escritura, con decisiones.



La idea de secciones surge de la voluntad de ordenar o hacer más accesible, más fluida la lectura para aquellos que no están acostumbrados a leer poesía. La primera se denomina «Primera luz». ¿Cuál sería? ¿La del alba, la de la madrugada? No perdamos, entonces, un verso del primer poema, Testigo, que dice: «… por las venas del fin de la noche…» y, más adelante, en Ver salir el sol como un ciego se hace referencia a «… el último animal de la noche/ la fractura del cielo todavía oscuro…». Tal vez haya algo oculto, tal vez un límite que el lector logrará o no encontrar. Hay imágenes muy bien logradas a nivel poético y que, de alguna forma, siento, nos llevan al universo de la música: «… si pudiera encontrar mis manos/ para abrir esta lluvia y llegar a vos…» de El cielo no será nunca más un lugar tan triste. Y los últimos dos versos de Testigo expresan: «… último testigo/ de la belleza del mundo…» y por esto: ¿qué se va en la noche?, ¿qué se pierde?, ¿qué no podemos rescatar?

La segunda sección se denomina «Investigaciones» y mis interrogantes vuelven: ¿serán formales, serán acerca del lenguaje, acerca del contenido expresivo desplegado en la página? ¿Qué investiga esta voz? Es interesante la aparición de lo inesperado, del deseo y del cuerpo, particularmente en Agosto:

Siempre pasan cosas inesperadas en este cuarto. Cuando el amor parece agua resumida surge el mudo deseo la lluvia fresca el encuentro de tu cuerpo y el mío.

[…]

En esta misma sección, el cuarto poema lleva por título una fecha, como sucede con todos los demás textos, (10/8), despliega una significativa serie de preguntas retóricas que se van escalonando en versos perfectamente rítmicos y poéticos. Preguntas que algún lector intencionado puede luego encontrar vueltas respuestas en el último texto del libro, Esta casa.

¿Habrá sido un error esta casa varada en la furia del río? ¿Habrá sido el final o el único milagro? […]

Este ¿es un libro de desamor? Se sorprende el autor y responde espontáneamente que no. Claro que gravita sobre toda lírica, la intervención, a veces arbitraria, del lector que responde solo a sus propias interrogantes. Pero, por otro lado, en todo el poemario, es posible percibir la relevancia de la luz por ejemplo: «… tu cuerpo contra luz es indestructible…», del séptimo poema (14/8). Le pregunto por el sentido de la luz en el poemario: que se relaciona con el paso del tiempo, con ese material que está presente en el inicio de las cosas que él escribe, la búsqueda de un sentido a lo que se percibe, el reflejo, la creación de una atmósfera.

«Incendios» es la tercera parte, la más críptica, la más simbólica, la más poética: incendio que purifica, destruye o simplemente arde. Dice el primer texto: «… vuela el ciervo en el monte talado…», y ¿qué es el ciervo, que símbolo, qué imagen, qué referencia? El ciervo II es un poema breve y firme, casi sentencia: ciervo, piedra, silencio, cuerpo.

[…] el ciervo es una piedra en tu silencio pulida única intocada es lo único que espero de tu cuerpo.

«Nuevas investigaciones» es el cuarto momento del libro. ¿Serán nuevas con respecto a las anteriores? Luego llega «Rosa deforme», quinta etapa: «… como luna que nace extendida/como cable para el sueño de los pájaros…». Hay un ritmo alcanzado, anafórico además, en Me llevo cada sonido, tal vez sea un poema que camina hacia la canción.

[…] pero la piel espera la nueva la piel duele el roce de tu voz el tacto de mis tres lunas el aire de setiembre […] porque nada se pierde nada es en vano ni las piedras de tu nombre ni los soles de plástico ni los números marchitos […]

La penúltima sección se denomina «Yacimientos», quizás los restos fósiles de lo dicho hasta ahora, del propio discurso; así aparece «la puerta oscura de roble (que) daba paso a lo sagrado». También se hacen presentes mundos oníricos cargados de imágenes sugestivas: «… la muerte disfrazada/ de lobo y de muchacha que corría…» y otras más, «… no había jazmines y labios mi sangre/ solo la misma voz/ repitiendo que me fuera de todo/ que me fuera de todo…». El final del libro llega con la séptima sección, «Tu cuerpo es mi único hogar», y, quizás, con «la derrota de la sombra» —nombre del primer texto—. Hay un poema que, inevitablemente, capta la atención por su título, Desviaciones místicas, y porque establece una conexión con el inicio, circularidades aparente o ciertas:

Vuelvo a respirar. Nuevamente se me es dado percibir la belleza del mundo.

Y así volvemos al primer poema del libro, que concluía con: «… nuestro miedo/ el carro trotando/ por las venas el fin de la noche/ siendo último testigo/ de la belleza del mundo». Un mismo verso inicia el poemario y reaparece hacia el final, y el texto último, Esta casa, es, como mencionamos anteriormente, la posibilidad de respuestas a las interrogantes del cuarto poema de «Investigaciones»:

[…] pasaron muchos años el viento tiró algún árbol las paredes envejecieron […] también es cierto

que el amor nos fue habitando tan concreto como el rayo que ahora mismo cruza el cuarto.




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