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SobreEllas

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Las mujeres de Casavalle se escriben

Texto de Roxana Rügnitz

Fotografía por Mariela Benítez

No olviden jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, deberán permanecer vigilantes toda la vida

 

Simone de BEAUVOIR

 

 

 

 

 

 

 

Sección de Roxana Rügnitz a cargo de Maryorí Panizza, Teresa Lima, Mary Alvarenga, Marita Barboza y Marisa Silva, cinco mujeres de Casavalle.

 

«Sobre Ellas» nació para hablar de todas las mujeres. Sus voces, sus cuerpos, sus haceres siempre silenciados, escondidos. Este espacio tuvo la intención de hablar de ellas, las que están en todos los rincones, las que hacen posible que las cosas sucedan y, sin embargo, de las que, en general, nada se dice. Hoy, mi escritura necesita correrse, no escribirlas, para que sean ellas las que escriban sus propias historias. Por eso «Sobre Ellas» son las mujeres del Centro Cívico Luisa Cuesta, dependencia del Municipio D, con la coordinación de la Marisa Ledesma¹. Ellas vienen a contar una experiencia que es necesario conocer.

Hola a todas las lectoras y a todos los lectores de Piel Alterna, mi nombre es Maryorí Panizza.

Somos un grupo de mujeres que, tras la convocatoria para escribir un libro con perspectiva de género a través de talleres en el Centro Cívico Luisa Cuesta, sin darnos cuenta, nos fuimos transformando en familia. Una familia como cualquier otra, con integrantes de pensares y sentires diferentes, con un lazo no sanguíneo, pero si literario, formado entre todas, con historias propias, ajenas e inventadas, sacadas del cotidiano vivir como mujeres, amas de casa, trabajadoras, jubiladas; con ganas de decir, de sanar, de exorcizar vivencias. El lazo que creamos en torno al libro fue fuerte y contenedor, porque era necesario sostenernos. No resulta fácil escribir desde un contexto socioeconómico vulnerable, sin otras armas más que las ganas y el sentir de mujeres luchadoras, resilientes y empoderadas. Durante este proceso hemos sido muy cuidadosas en la escritura de los textos, con respecto a nuestras propias familias, a nuestros hijos e hijas que son parte de algunas de esas historias.

Como en un embarazo, fuimos gestando el libro que nos dio muchas satisfacciones. Conseguimos alcanzar el objetivo inicial y aún más, ya que, como un buen hijo, creció para darnos varias alegrías, como fueron las invitaciones para leerlo, presentarlo y contar, como en esta ocasión, que tiene cinco madres.

Mi nombre es Teresa Lima. Creo que la posibilidad de escribir un libro en colectivo, con otras mujeres, disparó un montón de emociones. Al principio, nunca pensé que iban a ser tantas, comenzó siendo un taller de literatura en el que escribimos sobre nuestras vivencias. Me animaron a contar algunas experiencias de mi vida pasada; fue increíble lo que sacaron de mí; fue algo transformador.

Publicar el libro fue toda una proeza. El diseño lo realizaron los estudiantes y docentes del curso de diseño de la FADU Casavalle de la Udelar. Ellos vinieron varias veces y trabajaron muchísimo para complacernos; que el tipo de letra, el tamaño, colores, diseños y costos. ¡Las fotos fueron un show! Parecíamos modelos. Nos decían cómo y dónde pararnos, nos sentíamos tan importantes. De repente, nuestra imagen y nuestras palabras eran públicas. Sin embargo, no fue fácil, mucho tiempo transcurrió antes de que tuviéramos el libro en nuestras manos, ¡todo un embarazo!

Finalmente, Casavalle, cuenca de mujeres que se cuentan nació y se presentó en sociedad. A la vez, teníamos que pensar quién nos iba a acompañar en la ceremonia de presentación. Ese día, el teatro de la Sala Lazaroff estaba lleno. Fueron nuestras familias, autoridades de la Intendencia de Montevideo e instituciones del barrio y periodistas de todos los canales. Pasamos muchos nervios cuando tuvimos que leer ante tanta gente, entre ellos, nuestra familia. Nunca pensé tener tanta fama a mis 82 años y firmar tantos autógrafos.

[Maryorí retoma la palabra].

Para mí, este libro representó un movimiento importante. Me hizo pensar desde mi género, desde mi yo mujer, algo que nunca había hecho antes. Me ayudó a ver la vida desde otro lugar. El lugar de mujer pobre, jefa de hogar, que vive en la periferia de la ciudad, que nunca se cuestionó el rol que la sociedad le tenía asignado hasta el día que surgió el taller literario. Ese día mi vida cambió. Pude sacar de mi interior muchos años de dolor acumulado, conocer otras vidas de mujeres valientes y luchadoras como yo. Este libro no solo nos unió en el papel, sino también en la vida. Nosotras nos conocíamos, pero no con tanta profundidad, y hoy estoy nerviosa, feliz, ansiosa. No hay en realidad una palabra que defina lo que mi corazón siente, es algo parecido a lograr un sueño, como cualquier sueño de la casa propia o un título, etcétera. Así de significativo fue. Es que lo simple y lo cotidiano es transversal a todos los humanos, sin distinción de raza, situación económica o edad. Me siento agradecida, bendecida y feliz por tener la oportunidad de ser parte de esta maravillosa obra literaria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hola, yo soy Mary Alvarenga. Me encanta toda escritura, es absorber mi persona, concentrarme en lo que pienso, en lo que escribo. Es trabajo mental total, memorias puras, sentimientos encontrados a flor de piel, fluyen miedos, soledad, risas. En el papel podés transportar muchas figuras, cosas impensadas que están adentro, pero que ni idea tenés. Es como en el dibujo, tomo el lápiz y, apoyado sobre la hoja, viaja a lo más profundo de mi mente, cuerpo y alma. Es un viaje en el tiempo. Es inexplicable lo que una puede expresar.

Me deja anonadada cómo la mente puede más que uno: se abren callejones de soledad, violencia, discriminación, desigualdad y, algunas veces, estas cosas salen de nosotras mismas. Y, a veces, es bueno saber que con tan solo dos líneas nos sentimos como paloma en libertad. Es hermoso. Está bueno que otros/as lean lo que ha sido nuestra realidad y que quizás, cuando te damos una sonrisa, escondemos el rigor, los golpes, el maltrato o la soledad. Desde mi lugar, quisiera pensar una escritura en la que puedo aliviar dolores pasados, sanar aquellos golpes. Así fue como nació la idea del libro y por eso me parecía oportuno entretejerla en esta historia.

Soy Marita Barboza y voy a contar un relato que puede ser el de muchas:

«… llegó gritando y exigiendo como siempre. Ya no le tengo miedo, me da lo mismo cuánto tomó o con quién.

Quiero proteger a mis bebes, que ya crecieron, pero los protegeré cueste lo que cueste. Cuando ven a su papá la sonrisa desaparece de sus rostros. Me doy cuenta de que llegó el momento, que no puedo dejar pasar nada más. Sí… no hay vuelta atrás.

Les pido a mis hijos que salgan a jugar con el Pirata, el perro. La noche estaba clara, la luna observadora, en lo alto, los iluminaba. No es normal que los deje jugar de noche, es peligroso que alguna bala perdida los alcance. Entonces me di cuenta de que él, el padre, era más peligroso dentro de casa. El daño que nos hace nos marcará para toda la vida. Se me llenan los ojos de lágrimas solo de pensar el futuro horrible, fatal, que mis hijos pueden llegar a tener con esos ejemplos de su padre.

“Me siento tan culpable, la vida no es fácil, para qué complicarla más”, pensé.

Mi cabeza no está bien, me zumban los oídos, escucho palabras sueltas, el macho, el guapo, dijo: “Vení para acá…”, mi mente se nubla, inconsciente, voy a la cocina, agarro la cuchilla, estoy descontrolada, lo quiero matar, lo miro a los ojos. En ese instante, reacciono… Esta persona no vale la pena, no lo vale, ni mi sacrificio ni el de mis hijos».

El silencio de todas las mujeres, de alguna manera, subraya la idea de que ese relato en alguna medida las representa.

Hay una familia de sangre —cierra Marisa Silva— que no necesariamente es la que contiene y escucha. Esa que reconoce la sociedad, la que se erige y funciona según las leyes del patriarcado. Esa que sostienen las mujeres en su rol de cuidadoras del fuego del hogar de acuerdo al mandato ancestral. Las que deben seguir sosteniendo cuando son las referentes de un hogar en el que el padre ya no está presente y, como mucho, hace llegar un magro aporte económico, con suerte y viento a favor.

Debe ser por eso que las mujeres nos buscamos y nos juntamos en diferentes ámbitos para repensarnos, apoyarnos, formando otro tipo de familia no sanguínea, en la que se compartan amores, dolores, consuelos, deseos. Así, nos encontramos cinco mujeres con la excusa de escribir un libro que nos contara un poco. Y en eso estamos, contándonos…

 

 

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¹ Marisa Ledesma, psicóloga, coordina este grupo.

Mujeres que habitan el Cabo Polonio

Texto de Roxana Rügnitz

Fotografía por Mariela Benítez

Las más antiguas narradoras de historias fueron las mujeres mientras cosían. Por eso existen tanta relación entre los textos y los textiles: el nudo de una historia, el desenlace de una narración, el hilo del relato, bordar un discurso, urdir una trama. Las mujeres fueron las narradoras por antonomasia en los primeros momentos de la oralidad. Mientras cosían, contaban cuentos

 

Irene VALLEJO ¹

La historia cuenta que, en 1735, un barco español llamado Polonio, naufragó en esas costas. Desde ese momento, fue un asentamiento estable de navegadores y pescadores. Era un escenario de varias tragedias en altamar, porque se desconocían los peligros de la geografía del lugar. En 1881 se construyó su faro para guiar a los barcos hacia la costa. Esos lugares aislados, abrazados por el mar y los vientos, suelen estar llenos de historias que se van anclando en sus habitantes, como una memoria única, que lxs atraviesa.

Piel Alterna llegó en Turismo de este año al Cabo Polonio y a ese rancho azul que se mezcla con el cielo, donde nacen los cuentos y donde se foguea en las cerámicas y la guitarra, tantos relatos. Una vez más, la hospitalidad: Maricruz y Gabriel me abrieron las puertas de su casa y de su Tatuteatro para darme abrazos, desayunos y un millón de historias. Con ellxs, cualquiera sana el alma y empieza a despejar las ideas.

Fue entonces que, en una tarde de charlas, mientras se preparaba todo para la función de esa noche pensé en devolver algo de lo mucho que había recibido en esos días. Me imaginé a tantas mujeres habitantes de ese lugar, fuera del color y la emoción del verano. Pensé en el invierno, en la soledad y en la creación de redes que sostienen. ¿Quiénes son las mujeres del Polonio? ¿Cuál es la historia que fueron sembrando a lo largo del tiempo?

Lo increíble fue que en cuanto le dije a Maricruz esta idea, ella pensó enseguida en quiénes podían ser y así comenzamos a recorrer los ranchos del Polonio, e ingresamos en la intimidad de sus casas para descubrir en sus voces los cuentos y las vivencias de otros tiempos.

Antes del almuerzo llegamos a la casa de Martha González. Tiene 58 años y vivió toda su vida en esta zona. Su voz es amable, sin ansiedades ni prisas me va contando lo que significó para ella nacer y vivir en el Cabo: «Para mí vivir acá es algo normal. Nunca tuve la posibilidad de conocer otros lugares. Yo soy feliz viviendo en el Polonio y no pienso irme nunca». La calma de sus expresiones subraya su convicción. Tiene las manos entrecruzadas sobre la mesa de cármica y mientras habla, se puede ver que este es su lugar en el mundo. Entonces le pregunto sobre el contraste que existe entre el verano y el invierno a lo que responde sin cambiar de posición: «Claro que en verano hay mucho más movimiento que el resto del año, pero a nosotros nos conviene. Del turismo se vive bastante bien».

La clave aquí la da ella, cuando afirma que el medio de subsistencia principal lo da el turismo. El vínculo desarrollado con los tiempos del calor y el bullicio veraniego no es porque se convierte en un paréntesis de la soledad invernal. Para ellxs es época de zafra y así lo asumen: «Mi marido —Héctor Calimare— y mi hijo mayor —Javier Calimare— son pescadores. Yo hago artesanías con vértebras de pescado y caracoles. Las trabajo todo el año y espero la temporada para venderlas y con eso sostener el invierno, donde no hay ningún ingreso».

Soy una persona de ciudad, me cuesta pensar/me en espacios donde los tiempos se convierten en latencia, en preparación para los que vienen. Es claro que la ciudad nos mutila muchos sentidos, y por eso pienso en recursos como la salud, que, si bien lo tenemos al alcance de un bondi, tal vez debamos esperar semanas para conseguir hora con algún especialista. Le pregunto cómo hacen si necesitan recurrir al hospital y su respuesta llega, extendida y sin expresiones. «Para todo hay que recurrir a Castillo. Es el lugar más cercano para los trámites, los comestibles y para el médico. Aunque ahora viene una doctora de familia, muy buena, una vez por mes, pero si hay alguna emergencia, hay que ir a Castillo. Lo bueno es que acá somos todos sanos».

Nos vamos a su pasado, a descubrir su niñez: «Yo vivía en el Rincón de Valizas, que está dentro del área protegida del Polonio. Fue una niñez muy pobre. A la escuela rural en esa época había que ir caminando, era muy difícil. La zona del Rincón en esa época era bastante movida. Tenía dos almacenes. Vivían familias con cinco o seis hijos todos, muchos de ellos hoy viven acá. Al principio la gente vivía allá, en el Rincón y acá venían a la lobería». Claro que la interrumpo para preguntarle qué era eso de la lobería. Podía imaginar algo, pero, sin duda, mi sentido arácnido no me preparó para la descripción. Puedo ser capaz de sofrenar mi perspectiva vegetariana de mujer que puede elegir cómo alimentarse para dejarme invadir por un relato original sobre un oficio que representó el modo de vida de toda una población. Así que detengo mi voz interna y escucho a Martha. «Todos mis tíos venían a la lobería. La zafra era en junio y venían a matar lobos con un palo en la cabeza —no cualquiera podía matarlos— para sacarles la piel, el aceite y los genitales» ¿Qué me detuvo en ese momento que no pregunté por qué los genitales?

Continúa su relato: «No se podía comer la carne. Era pura grasa. Los que venían a matar lobos eran hombres, muy rústicos y valientes, con mucha destreza física para andar entre las rocas. Se ponían unos zapatos especiales llamados tamangos, que se hacían con arpillera o lana criolla de oveja para poder correr. El Estado brindaba todo un servicio para que se pudieran realizar estas actividades. Ofrecía la comida y los cuidados de salud. Por esa época venía el doctor Infantozzi a cuidar que los hombres que venían a la lobería estuvieran bien. Esa actividad se prohibió hace treinta años ya». No lo digo, no es necesario, claro, pero algo dentro de mí suspiró.

Salimos de ahí con una sensación de que por detrás de cada historia hay miles que se nos escapan. Llegamos a la casa de Daysi Vivas Acosta. Entramos en su rancho a conversar. Ella nos recibe con una sonrisa que nos atrapa en la comodidad del encuentro. Ella no lo dice, pero es artista plástica. Ha dejado su obra en cada rancho de la zona.

«Yo nací en esta zona, muy cerca de acá. Ya hace cuarenta y cinco temporadas que trabajo en el Polonio. Soy de origen rural, me formé en una soledad mucho más grande que esta. Fui a la escuela rural. Tenía un kilómetro y medio de caminata en invierno y descalza. Por eso, en mi experiencia, vivir en el Cabo Polonio no fue una vivencia de soledad, sino de gente, de compañía, de vecinos. Yo diría que esta población, tal vez por estar más aislada, tiene una característica de compañerismo, lo que no necesariamente quiere decir que todos nos llevamos bien. Tampoco es idílico, pero hay una conciencia de que el otro ser humano a la postre es tu último recurso».

La memoria de Daysi nos lleva al faro, a la inauguración del hotel de la zona y a algunos naufragios como el del Tacuarí, que sucedió cuando tenía 16 años. Historias lejanas, pero falta una historia que tiene mucho que ver con ella y el destino del Polonio. Se trata de la escuela: «Cuando nos vinimos para acá, nació mi hijo. En ese momento todos los niños iban a la escuela en Castillo porque acá no había. Las madres se organizaban como podían y los llevaban, pero esa situación no estaba a mi alcance. Cuando mi hijo mayor cumplió cinco años pensé que, si quería que empezara la escuela a los seis, tenía que comenzar a hacer los trámites para solicitar que instalaran una escuela acá. Me llevó dos años. Fue un momento difícil. La situación de permanencia de nuestra comunidad se encontraba en peligro. Desde el Gobierno había un empuje de no querer a las comunidades que nos habíamos ido asentando acá, porque querían hacer algo diferente con el Polonio y eso incluía, de verdad, el borrón de los que estábamos acá. Lograr instalar una escuela pública iba contra toda esa corriente, y lo conseguimos. Tuvimos que presentar un proyecto con todo definido. El edificio y la maestra. Había en la zona un espacio que se había creado para la policía, nunca se usó y lo propusimos para la escuela».

No puedo dejar de pensar en la belleza de esta ironía. Vivimos en un país que tiene el mayor gasto de la región en ejército per cápita y, sin embargo, allí, en ese pequeño rincón, se logra construir una escuela donde se había planificado una comisaría. Para mí es un jaque al sistema, aunque estemos muy lejos del jaque mate. Me entero de que, con toda justicia, se propuso que la escuela llevara el nombre de Daysi Vivas, pero la respuesta tiene esa incansable falta de lógica que deambula por la burocracia. Solo se le puede asignar el nombre de alguien a una institución, luego de que pasaran diez años de su muerte.

Maricruz, que nos acompaña, resalta la sabiduría y la fuerza de Daysi para responder al poder y hacer posible que el Polonio cuente con una escuela hace ya treinta y cinco años. No importan las prohibiciones del sistema, para todos esa es la escuela Daysi.

Seguimos camino mientras la idea nos revoloteaba los pasos. No fue por casualidad que nos encontramos con dos jóvenes mujeres preparando la tradicional chorizada de cada Turismo, cuyo objetivo es recaudar fondos para la escuela. Hablamos con una de ellas que nos trae una perspectiva foránea: «Me llamo Silvia Díaz y soy argentina. Tengo 43 años, vivo acá hace quince, por elección. La verdad es que al principio no tenía ni idea. En este proceso hubo algo de amor, de aventura y de inconsciencia. No estuvo programado. Conocí al papá de mis hijos cuando vine por primera vez y surgió el amor. Estuvimos viajando por dos años, con Buquebus de por medio, en mis tiempos libres. Después de ese tiempo, lo definimos. Él me planteó de irse para allá pero yo dije que no. No iba a sobrevivir en esa ciudad, sin embargo, yo estaba con más ganas de irme de Buenos Aires, aunque no había pensado en un lugar así, tan inhóspito. Primero vine en verano, como todo el mundo. Luego estuve cuatro días en invierno y vi dos ballenas gigantes súper cerca. Me dijeron que había sido mucha suerte verlas, y entonces dije: “Ta, es acá”».

Silvia es joven y no es nativa del lugar. Aprovecho esos factores para preguntar sobre lo que supone vivir acá fuera de la temporada: «En invierno, lo más bravo es la soledad intensa, mucho peor que el clima. Solo se logra transitar creando lazos. En el Cabo tengo algunos lazos, no muchos, pero hago teatro en Valizas y eso me ayuda pila. Ese grupo de teatro me supone salir de la isla, porque esto literalmente es una isla. Salir de las dunas, ir por las rutas y estar en un ámbito de creación despeja mucho».

Nos vamos quedito con la otra Díaz hacia el teatro. Se va poniendo la tarde y hay que armar para la obra de hoy. Nos sentamos en la sala, creada por ellos y, claro, ahí aparecieron las historias que trae Maricruz en su morral desde el minuto uno que pisó estas tierras y yo quiero contarlas: «Tengo 70 años y vengo al Cabo desde 1980. Mi rancho es del 83. Yo soy chilena, pero llevo más años viviendo en Uruguay de los que jamás viví en Chile. La primera vez que vine fue en el 78. Soy de ambiente cordillerano, mi padre era andinista, Sergio Díaz, fue el que rescató a los uruguayos del avión caído en los Andes —no el arriero, fue el que pasó la noche con ellos en el fuselaje».

Me resulta extraordinaria la forma en que se conectan las cosas. El tiempo va dejando los hilos de las historias. Hemos vivido tantas. Cada historia una vida y, a veces, hace falta solo un relato para unirlas.

Continúa: «Vengo de un ambiente en el que se hacían fogones nocturnos en la cordillera con los arrieros. Ahí eran siempre los cuentos, las fantasías sobre la dama de blanco o la aparición del diablo. En esa zona existe un lugar llamado la Pata del Diablo donde hay una roca con una huella que parece una pata. La historia cuenta que es la huella que dejó el diablo cuando pegó el salto para cruzar hasta la otra montaña. Cuando llego al Polonio, me encuentro con un rincón donde me siento entre iguales, en las noches de conversaciones y guitarreadas en lo de la Chela». El rostro de Maricruz se transforma mientras va entretejiendo historias de otros tiempos.

«El que nos recibió por primera vez acá fue Bonifacio Calimare, un gran cuentista. Cuando lo conocimos, vimos el barco que cuidaba y se nos antojaba una fantástica escenografía de ópera. Gabriel escribió una canción sobre él y sus cuentos que se llamó Don Guillermo. En ese momento no teníamos idea de que Bonifacio era el papá de la Chela. En ese tiempo pinté un cuadro de una mujer con un pañuelo atado en la cabeza limpiando pescado en una mesa de caballete. Pasaron los años y cuando conozco a la Chela le cuento sobre mi primer cuadro. Me dice que las que hacían eso eran solo dos mujeres, la Nena y ella. Así que, sin querer, probablemente y por el ángulo de la cara, sin conocerla, la pinté a ella». Esta historia, que parece casualidad, gesta el primero de los hilos que irá conjugando el vínculo que nacerá entre ellxs.

«La conocimos cuando vinimos con Gabriel, yo embarazada de Martín, de cinco meses. Alquilamos un ranchito que era de Daysi y su tía. Nuestra idea era venir a la playa sur y bajar al pueblo cuando remallaban las redes entre los ranchos, ahí bajábamos con la guitarra y empezábamos a cantar. El rancho de la Chela siempre estaba abierto y tenía un sillón donde te sentabas y empezabas a escuchar las historias más fantásticas». Gabriel y Maricruz, sin proponérselo, fueron, de alguna manera, los juglares del Polonio. A través de ellxs, sus historias siguen viviendo en las futuras generaciones. En este lugar se tejen historias como se tejen redes… Vengan, vean, cuiden y escuchen.

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¹ Vallejo, Irene. Las mujeres en la historia de los libros: un paisaje borrado. Irene Vallejo, escritora. BBVA Aprendemos Juntos, El País, 2020. Recuperado de < https://www.youtube.com/watch?v=yw7C_MLqgQw>.

Über sie

Hacia una central de trabajadores con perspectiva de género

Texto de Roxana Rügnitz. Fotografía por Mariela Benítez

Por un mundo donde seamos socialmente iguales,

humanamente diferentes y totalmente libres.

Rosa LUXEMBURGO

Una historia acotada por mojones

1870 es el año que se considera el punto de partida del movimiento obrero uruguayo. Por ese entonces se creó una organización conformada únicamente por trabajadores y para la defensa de sus derechos. Más tarde, en 1890, se formaron sociedades de resistencia, impulsadas por los anarquistas, aunque ya empezaban a asomarse también los socialistas. Recién a principios del siglo XX se promovió la formación de la unión gremial de obreros.

 

En 1923, en el Congreso Obrero, quedó sellada la unión del proletariado del país. De allí que surgió la Unión Sindical Uruguaya. En mayo de 1929 se constituyó la Confederación General del Trabajo del Uruguay (CGTU) con una plataforma que proponía seguir con la lucha de clase «para el mejoramiento y liberación final de la clase obrera».

A mediados del siglo XX, el ingreso del Fondo Monetario Internacional (FMI), los problemas económicos, el alza del costo de vida y la baja salarial impulsaron movilizaciones y reclamos populares que fueron fuertemente reprimidos por el Estado. Entre fines de junio y setiembre de 1964 se conformó la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) como un organismo permanente de coordinación y de lucha. Fue en 1983 que un grupo de sindicatos que organizaban el 1.o de mayo con las banderas de libertad, trabajo, salario y amnistía dieron nacimiento al Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT). La conmemoración del 1.o de mayo de 1984 expresó la unión entre el PIT y la CNT bajo la consigna «un solo movimiento sindical».

 

En estos saltos brutales por la historia de la CNT, hemos intentado configurar la dimensión histórica de esta organización. El punteo muy genérico, por cierto, da cuenta de un complejo y largo proceso. Verán que la referencia a los trabajadores está remarcada por una o que aún ni sueña con convertirse en x. ¿Dónde estaban las mujeres trabajadoras en ese entonces? ¿Qué lugares ocupaban?

La mujer en la militancia sindical

Piel Alterna conversa con dos jóvenes sindicalistas sobre las mujeres en los espacios de militancia. Nos encontramos con Tamara Naiara, secretaria de Género de Fuecys, y con Viviana Núñez, la primera dirigente mujer en setenta años del sindicato de camioneros.

 

La sección «Sobre Ellas» se enfoca en una historia que complementa los indicadores iniciales y lo hace a través de las voces de mujeres y feministas que vienen dejando el cuerpo en una militancia sindical que ha sido muy árida para todas ellas. Tamara comienza haciendo una precisión que es importante: «Las mujeres estuvimos siempre presentes en el movimiento sindical, desde comienzos del siglo XX, con las anarquistas y socialistas. No es que llegamos ahora; estuvimos siempre, pero subrepresentadas, sin ninguna posibilidad de participar de los espacios de decisión».

 

El tono de voz de Tamara es interesante, casi oximorónico, diría, entre la alegre calma con la que expresa lo que dice y la firmeza del contenido que evidencia una convicción inamovible. Con su presencia subraya cada aspecto de su relato y lo hace en el orden lógico de los acontecimientos.

 

Durante las épocas más oscuras, cuando fue necesario sostener la organización sindical en la clandestinidad, las que estaban eran las mujeres, porque los varones o estaban presos o fuera del país. En ese momento, las mujeres se organizaron, con un montón de códigos y dinámicas, muy interesantes de estudiar, para dar sostén y continuidad al movimiento de trabajadores. ¿Qué pasa cuando volvemos a la Democracia en 1985? Es brutal, porque después de haber resistido a la dictadura, las mujeres se ven obligadas a regresar a los lugares de invisibilidad, a un espacio que las pone por detrás de esos varones que vuelven y toman la dirección del movimiento.

 

Los lugares asignados por roles de género se reproducen en todos los sectores. Son determinismos culturales que les han negado a las mujeres y a las disidencias un acceso competitivo en puestos estratégicos de dirección. No podemos seguir repitiendo mecánicamente que a esos lugares se accede por capacidad, porque eso supone que los varones son los únicos preparados para ejercer el mando, y también que todos los varones que se encuentran en esos lugares están capacitados para hacerlo. Una y otra premisa son absurdas y caen obviamente ante la evidencia de los hechos. Caen también ante la premura de un tiempo que presiona los cambios. Caen ante cada nueva ola feminista que llega para recordarnos que la inequidad de género existe y pone a la mujer en un lugar de subordinación, cargándola de obligaciones definidas por el ámbito privado, dejándola fuera de competencia en lo público.

 

Tamara nos recuerda la importancia de ese hecho:

 

Aun cuando se retrocedió en visibilidad y en conquistas obtenidas también se abrieron ámbitos de discusión sobre lo que, históricamente, había sido invisibilizado. Por eso es tan importante reconocer a todas esas compañeras que dieron pelea para abrirnos camino. Su lucha insistente hizo posible la conquista del séptimo congreso del PIT-CNT, donde se define que una tercera parte de dirección y representación tiene que ser de mujeres.

 

Viviana viene del sindicato de camioneros a rompernos todos los estereotipos, porque es mujer y joven y, como Tamara, su compromiso está cargado de convicción y alegría. Ella irrumpe en el discurso con el deseo de subrayar la importancia histórica que tuvo ese momento. «Ese Congreso representó una victoria importante. Se empezaba a desarticular un espacio que había sido ocupado siempre por varones.» En este vuelco fundamental dentro del PIT, Viviana recuerda que, para las mujeres, militar y trabajar no fue fácil:

 

Militábamos y sumábamos todas las tareas de roles, por eso un logro clave para nosotras fue la conquista de la licencia sindical, que nos permitió continuar en los espacios de militancia gremial sin afectar todas las tareas vinculadas a nuestro rol que realizamos fuera del sindicato. Porque las mujeres siempre hemos tenido que articular la militancia con las tareas impuestas por la sociedad, como la de los cuidados, las tareas del hogar. No podemos olvidar que nosotras, después de trabajar y de militar, tenemos que llegar a casa para ocuparnos de lxs hijxs o cualquier otra responsabilidad de rol y, muchas veces, solas. Por eso conseguir militar en el horario de trabajo fue sustancial. El fuero sindical representó una gran batalla ganada.

 

Para enmarcar esta metáfora de batalla, Tamara nos cuenta una anécdota:

 

Cuando el PIT cumplió cincuenta años, hicimos un encuentro de jóvenes con la generación de los fundadores. Algunos compañeros empezaron a cuestionar el tema del fuero sindical, decían que ahora solo se militaba con fuero, re enojados. Entonces le pregunté: «Compa, usted cuando llegaba a su casa tenía a los gurises acostados, la comida pronta, la ropa limpia, ¿no?». No supo qué responder, porque esa realidad que han vivido ellos no es la misma que la de las mujeres. Los fueros democratizan mucho más el acceso a la militancia, porque lo cierto es que las mujeres siguen teniendo triple carga: trabajar, hacer las tareas del hogar y militar. Es muy fácil cuestionar las dinámicas actuales cuando ellos tenían quienes le resolvían todo en la casa.

 

Esto pone otro foco sobre el trabajo de las mujeres en los sindicatos porque, además de militar por los derechos de todxs lxs trabajadores, las mujeres deben luchar por conquistar espacios para las mujeres, para que las trabajadoras también se sientan representadas y con voz dentro del PIT. Viviana lo sostiene desde su planteo: «Que las mujeres estemos en los espacios de dirección en los sindicatos es muy importante para la organización porque la fortalece. Yo soy del sindicato de camioneros». Lo dice fuerte, claro y llena de orgullo, pero también con sus labios pintados, como para desmantelar cualquier preconcepto que quiera filtrarse.

 

Cuando llegué, había tres compañeras que me abrazaron. Hasta ese momento, el sindicato tenía una dirección conformada solo por varones. Cuando la dirección cambia se instala otra perspectiva. Hemos avanzado. En un sindicato tan masculinizado como este, ser la primera dirigente mujer y que hoy otra compañera ocupe la secretaría de Género es histórico, pero estas cosas no se saben.

 

Las escucho y pienso en los costos que ha tenido para ellas todo este proceso. Tamara lo confirma:

 

La militancia ha sido un espacio bastante hostil para las mujeres y siempre se nos exige mucho más. Incluso nosotras mismas nos exigimos. Cuando tenemos que dar alguna nota, por ejemplo, hablamos con alguna compañera para que lo haga y, aun teniendo formación, no se animan, mientras que a los varones les ponés un micrófono delante y te hablan de todo. Nosotras nos exigimos un montón de credenciales para cumplir lo que un compa hace con mucho menos. Es un tema pesado, porque quién sobrevive a tanta exigencia. Cuando una compañera llega, hay que valorarlo mucho y entender que no lo hace sola. Gracias a la cuota hemos podido acceder a lugares que, aun estando formadas, antes no podíamos.

Con respecto a la cuota, surgen las resistencias que se dieron en la interna de los gremios. Sobre eso, Viviana afirma:

 

Concebimos la cuota como una herramienta. Aún hay compañeros que no están de acuerdo e insisten en que si estamos ahí es por capacidad, pero la verdad es que, sin la cuota, no estábamos. También conseguimos otras cosas. Cuando empezamos a negociar los consejos de salario se hizo toda una campaña dentro del Pit, y se logró incluir la cláusula de género en los convenios colectivos.

 

Tamara apunta:

 

Hoy, el 80 % de los convenios colectivos salen con cláusula de género. Sin esa cláusula, las mujeres somos las que cobramos menos, las que tenemos que faltar cuando se enferma el gurí, las que por estar embarazadas perdemos horas y, con eso, oportunidades, lo que, al final, siempre influye en la brecha salarial.

 

Son muchos los temas y poco el espacio. Nos van quedando dos aspectos que no podemos dejar afuera: el acoso laboral y el paro de mujeres del 8M.

 

Con respecto al primero, es necesario detenernos en la existencia de la Ley de Acoso Sexual. Viviana toma la posta y nos cuenta:

 

Nosotras hemos trabajado muchísimo el tema del acoso sexual en el ámbito laboral. Por ejemplo, hemos hecho campañas vinculadas a las trabajadoras sexuales —porque no olvidemos que el compañero camionero va solo en la ruta, donde se encuentra con ellas—. Nosotras llamamos a Karina Núñez y, en plena pandemia, comenzamos a trabajar con ella para concientizar de que las mujeres que encuentran en la ruta haciendo trabajo sexual también son trabajadoras como nosotrxs. A raíz de eso, en la pandemia, el sindicato de camioneros comenzó a repartir canastas, para que cada compañera trabajadora sexual, en cada rincón del país, pudiera cubrir necesidades básicas.

 

Tamara la escucha y, desde su mirada, ya se va adelantando lo que piensa:

 

Sobre el tema a mí me saltan dudas, porque muchas veces, cuando empezamos a implementar protocolos en las organizaciones sindicales, empiezan a surgir las denuncias. En Fuecys ha pasado. En lo que es comercio y servicios, durante mucho tiempo estuvo naturalizado. Desde que conseguimos la secretaría de Género y desde el año pasado, que implementamos el protocolo de acoso sexual en la organización sindical, empezaron a caer denuncias porque las compañeras sintieron que tenían un espacio seguro para hacerlas. Nosotrxs tenemos varias situaciones de acoso desde los mandos medios, los compañeros y los subalternos. Nuestro sector es muy feminizado y muchas veces tenemos compañeras encargadas y ellas también nos plantean que reciben acoso de los trabajadores que tienen a cargo. Es que ese poder es bien subjetivo, porque en realidad podés tener un poder específico y objetivo, pero después, el ejercicio en el relacionamiento de género en el poder se sigue sosteniendo la misma lógica en la que el varón se siente habilitado para el acoso. Es interesante lo que sucede cuando se implementa el protocolo desde la secretaría de Género del PIT, porque empiezan a caer las denuncias y lo primero que se dice al respecto es que se trataba de una jugada política por las elecciones. Siempre aparecía alguna explicación que buscaba deslegitimar la denuncia de las compañeras acosadas.

 

Hacia un 8M con paro de mujeres

El enfrentamiento entre las feministas y el PIT se ha ido intensificando cada 8M. Hoy, llegamos a esta fecha con el paro de mujeres votado por el PIT-CNT. Es una noticia importante, tanto como comprender su proceso.

 

Las dos están frente a mí con una presencia que parece completar todo el espacio, algo así como la consciencia de lucha que las envuelve. Es Tamara la que comienza a contar cómo fue el camino hasta hoy:

 

Fue en el 2016 que comenzó la discusión sobre el paro internacional de mujeres. Si bien es cierto que el primer paro de mujeres surge en Europa, el movimiento masivo que se genera cada 8M es bien latinoamericano. En el 2017 empezamos a dar batalla. Como en cada discusión aparecía la idea de que era imposible implementarlo por distintas razones, los tiempos se corrían. Lo importante es que, hoy en día, una gran parte del ejecutivo del pit-cnt y de la mesa representativa, entendieron que la necesidad del paro es porque las tareas productivas y reproductivas que hacemos las mujeres afectan al capitalismo también. Entonces, cuando paramos las mujeres, de verdad para el mundo. Otro tema en este proceso ha sido el llegar a entender la militancia desde otra perspectiva. Las herramientas de lucha de la clase —la huelga, el paro, trancar una empresa, etc. ― existen, pero siempre han sido territorio del sindicato. Cuando llegan los feminismos y deciden apropiarse del paro, eso genera un problema. La gran disputa que ha habido todos estos años tiene que ver con esa resistencia. Una cosa que es importante decir es que si las mujeres sindicalistas tenemos la potencia para hacer algunos planteos es porque integramos la intersocial feminista, porque estamos organizadas en colectivos y organizaciones feministas. La masividad de los feminismos en el Uruguay no sería tal sin las mujeres sindicalizadas, sin duda, pero acá se genera una simbiosis que está buena porque el paro de mujeres no es propiedad solo de las mujeres sindicalistas: este paro de mujeres trasciende incluso el mundo del trabajo.

 

Viviana nos incluye otra perspectiva desde su sindicato: «En la rama de los camioneros, cuando decretamos el paro de mujeres, el sector más afectado que tenemos es el de la logística. Es ahí donde se hace visible nuestra la importancia de nuestro trabajo cuando no estamos».

 

La batalla entre las organizaciones sociales feministas y los sindicatos ha sido intensa a tal punto que el PIT-CNT recibió el calificativo de pito CNT, pero la lucha interna de las compañeras, que insistieron y persistieron también fue importante, aunque muchas veces silenciosa.

 

Marzo quedó atrás, la movilización fue, como siempre, impactante. Las calles de Montevideo se vieron desbordadas por una marea violeta. La alegría y la certeza de que el camino es juntas y es reclamando por más y mejores derechos hizo de esta marcha un acto de amor. El día después es evaluar y retomar la militancia, porque sin acción no hay transformación.

 

Ahora llegamos a mayo. Lxs trabajadores somos muchxs, todxs diversxs, pero con un mismo objetivo: los derechos laborales. En cada movilización hay un denominador común, el de la conquista de derechos para los sectores más vulnerados. Seguimos viviendo un mundo estratificado, en el que los privilegios de unxs suponen costos muy altos para otrxs. Será la historia la que hable un día; por ahora, lo hacemos nosotras, porque sin relatos que den cuenta de los hechos desde múltiples perspectivas, quedan huecos que llenan lxs que tienen el poder. Tomar la voz, contar lo que nos pasa desde nuestra realidad es imprescindible para montar las piezas que siempre faltan en el rompecabezas de la historia.

Lo que anuda la palabra, lo desata el deseo

Texto de Roxana Rügnitz. Fotografía por Mariela Benítez

Cuando me llamo a mí misma feminista, lo hago en el intento de dar cuenta, de un modo asfixiante, inequitativo, opresivo, violento de vivir en este mundo y, al mismo tiempo, una propuesta para acabarlo para que otro advenga. Cuando me llamo lesbiana, es un intento de desplazar los límites no solo sexo – genéricos asignados desde afuera, sino sobre todo desde adentro: digo lesbiana y algo en mi respira a aire nuevo de respiración. Con respecto a poeta, bueno… ahí hago silencio, y espero a ser hablada por Poesía

MACKY CORBALÁN

«La primera militancia es en el lenguaje»

¿Nacemos del deseo? ¿Somos el resultado de un impulso que se diseña en el deseo? ¿Qué es, entonces, el deseo? ¿Cuántas formas de deseo existen? Mis dedos recorren una página en blanco repitiendo la misma palabra como si a través de ella surcara el terreno de la escritura, para sembrarla. Me sumerjo en la vanidad de las ideas que rompen el límite de mi mente para dejarme seducir por las palabras que van naciendo, convirtiéndose en imagen, mientras el cursor subraya la línea entre lo que no existe aún y, sin embargo, existe (ay, Macbeth).

 

Una fuerza interna convulsiona. Las letras se unen, las palabras surgen, las frases quieren ser al menos un esbozo de lo que perciben en su ilusión primaria. Escribir para que revienten las fuentes prohibidas. ¿Cuál es el principio? ¿Cuál, la dimensión del orgasmo desvanecido en el movimiento sinuoso de tus manos mientras recorren el tejido ansioso de mi piel? ¿Cómo se tensa un cuerpo en el teclado o en la latencia del sexo que se desborda hasta romper el límite de una frontera que no es solo geográfica…? Hay, en este recorrido, preguntas que se resisten a cerrarse en un signo.

Imagino territorios liminales que podrían abrirse a la real existencia del deseo, pero no me quedo en ellos. La cama deshecha como el borde de una isla no es suficiente. Una idea que propone un nuevo destino serpentea el discurso, y lo puebla de otras formas del deseo.

 

Me vuelvo a las imágenes de mi insistencia en la escritura, siempre torpe, aunque obsesiva, como un animal que rastrea la presa. La razón que impera en la búsqueda es capaz de ceder para mantener intacta la sensación del pulso en el sexo, como una fuente imperiosa, inacabada, en la que las palabras se atropellan. Caen, al fin, en el punto (in)sospechado del estruendo y se ahogan en un doloroso llanto. Escribir desde el deseo para trascender la forma obvia del deseo. Escribir desde el imperativo latente en el cuerpo. Escribir desde otras configuraciones simbólicas: Who am I? Where am I from? What are my words?

 

Hace mucho tiempo comprendí que las palabras construyen realidades. Estamos llenxs de palabras. Les damos categorías, las definimos. Entonces, las nombramos: deseo. Una gama inmensa de posibilidades se abre, dependiendo de nuestra historia, de nuestro entorno, de nuestras creencias. Rellenar una palabra para instalarla en un sentido debería ser un acto sagrado, porque, una vez que la lanzamos, cae con todo el peso de su contenido.

 

¿Qué palabras nos definieron? ¿Cómo nos definieron? ¿Qué hicimos con ellas? Las palabras ajenas, que trazan nuestra imagen, pesan aún demasiado en nosotrxs. Si llenar una palabra de sentido impone responsabilidad, llenar de sentido una existencia está vinculado directamente con la consciencia de los deseos que la habitan. Digo aquí: formas de autopercibir los deseos, como un acto de identidad, de reconocimiento. Un principio de conexión que nos acerca un poco más a quienes somos, y nos rescata del eterno mandato de ser lo que se espera que seamos.

 

Conocerlos es, posiblemente, un problema para el sistema. Sobre todo, si esos deseos existen en cuerpos prohibidos, no normativos. La construcción política de nuestra red social supuso reglas, demandas e imposiciones rigurosas sobre los cuerpos. El primero fue el de la mujer. ¿Qué implicó el deseo para la existencia de la mujer? Todos ellos: el sexual, el creativo, el vital que la define más allá de su genitalidad. Ser fuera del Estado, de la religión, fuera de la casa en la que se le construyó un único deseo como pilar principal: ser madre. En los pocos casos en que fue posible, el castigo niveló el riesgo. Relatos en los que ellas eran la fuente del caos y del pecado gestaron las bases para la apropiación de sus cuerpos como territorio.

 

Las palabras han definido cómo debe vivir el deseo una mujer cisgénero y heteronormada. Fueron esas mismas palabras las que desterraron de la existencia todos los cuerpos que no se ajusten, en rigor, a las necesidades del sistema que define, por medio de esos relatos, qué es lo normal. El deseo se desfigura cuando nos ven otrxs, alternxs. Molesta, incomoda, enfurece no poder acomodar la imagen de una palabra, soportada por un significado heredado, a la de los cuerpos disidentes. Entonces aparecen expresiones para clasificar, catalogar, como una forma de recuperar cierta visión del orden del mundo que consiga mantener la representatividad social intacta.

 

Mientras leo Ética tortillera¹ de Virginia Cano, pienso, a través de su texto, acerca de cuándo escuché por primera vez la palabra torta, tortillera, y cuándo esas palabras se asociaron al sentido «lesbiana». Hice el ejercicio que propone Cano y me vi en la vereda de mi casa, en Rosario (Argentina), esperando para entrar a la heladería que había abierto hacía unos días. Mientras contaba las monedas se me acercaron unxs amigxs con sus padres y empezaron a decir que la mujer que había puesto la heladería era una «tortillera». La palabra impactó fuerte en mi mente. Nunca antes la había escuchado. No sabía qué significaba. Bueno, podría hacer acá un relato de todo lo que imaginé en ese momento que, ciertamente, no tenía nada que ver, pero derivaría en otra historia. Lo cierto es que esa palabra no venía sola, estaba acompañada de sonidos, de gestos corporales que todos hacían a la vez y, aun sin saber lo que quería decir, entendí que se trataba de algo malo. Tenía diez años. Claro que entré por el helado —por si les interesa— pero lo único que veía era a esa enorme mujer, poniendo todo su esfuerzo para atendernos, mientras en mi cabeza resonaba: tortillera. Me dio miedo.

Esa palabra me acompañó unos cuantos días con sus noches. No me animaba a preguntar a mis padres qué quería decir. Luego me enteré qué significaba, gracias a mis amigxs, más despiertxs que yo. La respuesta que me dieron ellxs, debo decirlo, me dejó con más dudas: «Mujeres que duermen con mujeres». Caí en estado de alucinación. Yo dormía con mis amigas cuando me quedaba en sus casas. Dormía con mi mamá a veces, o con mi tía. Entonces, ¿todas éramos tortilleras? No parecía lógico. Algunas de las personas que la llamaban así y se reían eran lxs padres de mis amigas. Ellxs sabían que dormíamos juntas y no nos trataban de la misma manera. La definición formal vino de un diccionario, algún tiempo después. Lo cierto es que un término tan simple, pero atiborrado de referencias negativas, se podía usar para describir la vida de una persona en relación a sus deseos. Comprendí dos cosas: el peligro de las palabras y la exigencia de su uso en determinados contextos para ser aceptadxs.

 

Todo ese pequeño relato devenido de mi memoria, que agradezco a Cano —y a quien me prestó el libro— se carga de sentido cuando descubro, allí, en aquel momento de mi infancia, y ahora, que las personas creamos palabras —más allá de todo el rollo comunicacional— para instalar al otro en un marco que permita separar, discriminar, diferenciar. Consignar estatus de existencia. La heladería de mi barrio duró muy poco. Nunca más volví a ver a la que llamaban «tortillera». Esa fue la realidad que le construimos a partir del concepto que le asignó un lugar distinto al resto, porque su cuerpo expresaba demasiado el «error» de amar a otra mujer.

 

Descubrir una palabra, asociarla a formas binarias de lo bueno o malo, ver las consecuencias que trae, tiene un impacto directo en la formación de una niña. Sobre todo, cuando esa niña crece y comprende que tiene deseos que van a imponerle ese mismo estigma y, posiblemente, impedirle abrir una heladería en el barrio. Entonces, todos los espacios públicos en los que la palabra ajena articula la vida se convierten en un riesgo. Deseo es un simple verbo que puede ser inocente incluso, o puede desterrarte del mundo, como lo dice Virginia Cano en su libro: estamos hechos de palabras, hacemos a los demás con palabras. Los cuerpos están atados a las palabras que les imponen comportamientos. ¿Dónde quedan los deseos, cuando esas palabras que nos definen son más poderosas de lo que sentimos? Escondidos en lugares privados, como si fueran una categoría peligrosa que debemos ocultar.

 

Construimos explicaciones viables para que nos acepte el entorno o reducimos nuestra vida a compartimentos estancos, y ambos también. Somos plenos en nuestra comunidad, y, fuera de ella, habitamos el cuerpo que es requerido. Es reduccionista suponer que todxs hacen lo mismo. Para descartar esa opción, habría que enfocarse en los distintos tipos de población y las palabras elegidas en cada caso. ¿Qué decidimos decir y mostrar dentro y fuera de la comunidad? Es supervivencia pura, pero tiene costos.

 

Este trabajo dio muchas vueltas antes de nacer, y no nacerá, aun cuando se publique, porque sigue siendo mar embravecido. Es intento que no cabe en un artículo. Apenas una idea abierta. Lo que las manos ansiosas lograron desatar en la hoja silente lo resolverán ustedes; por lo pronto, hay ahí un nudo que quedará así. La naturaleza de la palabra como un acto desesperado que viene del deseo de ser pero que nos asigna un lugar, dependiendo siempre del registro de nuestra identidad, frente a esto, la impunidad en que se desenvuelve, ciega, amparada en construcciones anquilosadas y perimidas. Corren nuevos tiempos. Los deseos saltan más allá de la represión en la búsqueda de una ética de la existencia —en el sentido griego— en la que ser, desear, decir y crear aniden en un territorio posible y sin márgenes que guetifiquen cuerpos.

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¹Cano, Virginia. Ética tortillera, ensayos en torno al êthos y la lengua de las amantes. Madreselva, 2015.

El dolor como síntoma

Texto de Roxana Rügnitz. Fotografía por Mariela Benítez

La posibilidad de alternativa al sistema monógamo no va de ligues y noviazgos, sino de colectivización de los afectos, de los cuidados, de los deseos y de los dolores. Para resistir a la violencia individualista, tejer redes rizomáticas. Pero, para ello, tenemos que desenmascarar el sistema que nos confronta y nos convierte en sujetos activos en una competición sangrante.

Brigitte VASALLO

Pensamiento monógamo, terror poliamoroso

¿Cuáles son los límites de las relaciones? ¿Hasta qué punto el cuerpo deja de ser autónomo en función de otro que toma posesión, en nombre de las sagradas leyes del amor? En este número el tema es el dolor. Pienso en las mujeres que han cargado la marca del dolor a través de su historia. Si bien podríamos enumerar varias formas del dolor vinculado al rol de género, hoy vamos a poner en tensión dos términos: dolor y amor, que son oximorónicos y aun así…

 

Probablemente se trate de un artículo con más preguntas que respuestas, pero intentaré descubrir en las voces de algunas mujeres, ciertos rastros del dolor asociados al amor. ¿Cuáles son las preguntas que necesito hacer? ¿Qué representaciones, reales o ficticias, me han definido como sostén de un ideal que reproduzco? Pienso en mis abuelas, Amalia y Pura, dos mujeres distintas en sus cuerpos, en su construcción del mundo y, sin embargo, dos mujeres definidas por el dolor.

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Antes de dejarme invadir por las voces de Ellas, las que tienen algo que decir al respecto, sigo masticando algunas sensaciones. Busco en mí misma algunas ideas sobre el amor y el dolor. Me resulta interesante pensarlo como un síntoma de algo más físico. Cuando decimos que el amor se siente en el estómago en forma de mariposas, no solo damos cuenta de una romantización metafórica, también lo inscribimos en un territorio físico y palpable. ¿Sucede igual cuando se procesa el camino inverso, hacia el desamor? Podríamos pensar que sí, cuando todos los dolores se acumulan en el cuerpo de manera orgánica como una constatación del vacío.

Hace muchos años, una amiga me preguntó: «Cuándo el amor termina, ¿a dónde va?» Entonces, yo no era capaz de comprender el alcance de sus palabras. Sin embargo, como todo en la vida, la experiencia acumula información y nos reconecta con la memoria como herramienta para el presente. Para una mujer racional, descubrir que el desamor tiene un impacto directo en el cuerpo, como evidencia empírica de la pérdida y el dolor, representa un desacomodo en su estructura.

¿Qué hacer con esa información? Escribir, ordenar, condensar en palabras cada convulsión emocional que se materializa en el cuerpo. Una podría sentarse en un rincón de su casa para navegar todos los huecos que le quedan cada vez que un dolor la atraviesa. ¿Cuántas formas de desmantelar el mundo en una respiración agónica existen? ¿Por qué el destierro ha representado uno de los castigos más terribles de la humanidad? Ahora me vuelvo a mí y me pienso en mis muchos exilios: el que viví de pequeña, llevada como entre paquetes, al exilio de mi padre; el que experimenté en un colegio, atravesando la puerta del aula, expulsada por la maestra en segundo de escuela —el patio se me hizo un mar insondable lleno de fantasmas y terrores, del que no sabía cómo salir—; el exilio del regreso a un país romantizado. Sin embargo, ninguno fue tan potente, tan revolucionario o arrasador como el exilio del amor. 

Sí, lo sé. Probablemente esa sea una de las frases más cursis de esta sección, pero representa con precisión toda la incertidumbre, todo el precipicio que se experimenta en el proceso. Fue entonces cuando pensé en mis abuelas. En sus personales destierros, físicos y emocionales y en sus cuerpos repletos de agujeros que llevaban con dignidad, como si fuese imposible pensar otra forma de existir. Ellas ya no estaban para contar sus historias, pero el mundo está repleto de mujeres agónicas en el dolor. Con el ánimo de escapar del ejercicio narrativo de autoficción, recurrí a otras vivencias, con preguntas simples, con la idea básica del lugar común que representa amor y dolor.

Las palabras en Ellas

Cuando algunas de esas mujeres con las que me contacté recibieron mi propuesta un domingo de mañana (como si ya los domingos no tuvieran una carga de soledad y desamor), me empezaron a caer audios. Parecía que se había desbocado un enorme río contenido. La selección que hago de todo lo que me dijeron está impuesta por el espacio. Sus palabras vienen a jugar un contrapunto con mi planteo inicial, que apenas deja abierto el tema. Una idea constante fluye: el dolor no se puede esquivar, está ahí para enseñarnos algo. Sus relatos de domingo y mate son un buen ejemplo de la fuerza de la que somos capaces las mujeres. Estas son sus voces:

Claudia (profesora de biología) aportó una perspectiva dual sobre la cuestión. Plantea que el vínculo entre amor y dolor no necesariamente tiene por qué ser algo negativo. «Claro que hay una cara oscura en esa relación que sería el amor enfermo. Aquel que tiene que ver con soportarlo todo». Sin embargo, también existe en esa relación tópica una mirada distinta. «El dolor relacionado con una separación de pareja —dolor en el sentido de dejar de ser objeto de ese amor— o una pérdida o la lejanía de un hijx. Entiendo que, en esos casos, el dolor viene a demostrarte que el amor puede hacer que des un salto cuántico como ser humano. Ese dolor transitado y trabajado te permite procesar tu propia evolución».

Una voz distinta es la de Elena (escritora) quien viene trabajando desde hace un tiempo este tema en sus textos. Su escritura siempre está vinculada al amor lésbico, y en ese sentido propone la idea de que un enfrentamiento entre dos mujeres que tienen un vínculo sexoafectivo puede ser doloroso y excitante a la vez. «Siempre existe la idea de que el amor está asociado al dolor como algo puramente negativo y por el final de una relación, pero lo que no se suele decir es que, de una manera afectiva, todas usamos formas de sadomasoquismo a nivel emocional y en forma permanente. Esto parte de una seducción que, claro, termina siendo de mucho dolor a nivel corporal». En esta línea, Elena recuerda su cuento El amor de mi vida en el que una relación laboral se transforma en un vínculo sexo afectivo basado en el sadismo.

María de los Ángeles (profesora de literatura) habla de etapas. «El amor en sus distintas versiones, creo, siempre está unido al dolor. El error es pensar que sufrir es algo malo y no, es inevitable. El amor implica siempre a otro con el que tenés una forma única y privilegiada de conectarte con su intimidad. Idealizar al otro y cargarlo con expectativas que no puede cumplir —porque es distinto— genera dolor. Para mí, el amor de amores es la maternidad. El amor y el dolor que se siente por un hijo es más profundo y visceral que el de pareja, por todo lo que proyectamos sobre esa vida y sus posibilidades. Otro dolor profundo es la posibilidad de la pérdida de un hijo. Me tocó vivirlo de cerca y aún lo recuerdo como la experiencia más dura de mi vida, en la que me di cuenta del amor incondicional que sentía por él. Todo eso nos hace crecer».

Yola (música) nos instala en la dificultad de pensar juntos esos dos términos. «Es una pregunta difícil. Siento que el amor es felicidad y no dolor, salvo cuando es ausencia de amor en la forma que sea. Ahí aparece el sufrimiento. El amor y el dolor son antagónicos.»

Ana (profesora de lingüística) nos habla de otro lugar. «El amor más difícil de todos es el amor a una misma, aunque no me atrevo a decir que sea más difícil para las mujeres que para los varones. Los hombres también son víctimas del patriarcado, al menos los que quieren desmarcarse, y ellos también sufren. Creo que la sociedad impone mayores dificultades a las mujeres para poder sentir amor hacia nosotras mismas. En este sentido, el amor a sí mismo cuesta muchísimo y duele. Porque lo que nos decimos a nosotras mismas (darnos con el mazo y con la porra) no se lo decimos a los demás. Demostrar al mundo que se banca el dolor que sea y que se resiste. Eso parte del tremendo miedo a la vulnerabilidad. Pienso en la generación de mi madre, para quienes la idea de darse por vencidas era imposible. Está mal, hay que poder darse por vencidas, saber reconocer que hay dolores que nos pueden y hay otros que no necesitamos. Las mujeres debemos aprender que no somos heroínas desgarradas porque nos venza el dolor, somos humanas. Debemos ser capaces de darle la bienvenida al dolor, porque es un proceso legítimo».

Jimena (psicóloga) lo piensa desde la complejidad que supone el vínculo de emociones. «El dolor en el amor sucede cuando hay algo que genera interferencia, ruido a partir del desamor. El dolor pasa cuando algo del amor se proyecta sobre la otra persona que no está en la misma línea. Cuando se procesa una desilusión porque somos diferentes, ahí se genera tensión y dolor. La herida mayor que provoca es el desamor, que puede ser vivida desde el narcisismo cuando desaparece todo ese amor que se había depositado en la persona y ese vacío genera mucho dolor. También es fluctuante y dinámico por lo que el dolor puede aparecer y desaparecer. Como las emociones se vinculan con el cuerpo, muchas veces se somatizan y, cuando el dolor es muy grande, se siente efectivamente de forma física».

Alejandra (actriz) se para desde una perspectiva del ideal a alcanzar en nuestra evolución: «Creo que desde el momento en que el amor es una cosa dinámica de descubrimiento, está cargado de ego, de necesidades. Por ejemplo, si un bebé no recibe lo que necesita de la madre, sufre dolor. La falta de amor genera dolor. Pienso también que el concepto de amor va evolucionando en el ser humano. Hoy es importante comprender que el primer amor de todos es el amor a unx mismx. Somos nuestra primera y última compañía. Si unx se ama a sí mismx logra eliminar gran parte del dolor. Porque cuando buscás que el otro llene un vacío, que te complete, eso genera dolor. La gran conquista de las personas es completarnos, autonutrirnos dentro de nuestra propia existencia».

Las voces son muchas y, en algunos casos, los hilos que van generando el tejido coinciden, tal vez por eso fue necesaria una selección. El relato no pretende dar cuenta de la profunda carga sostenida por las mujeres a lo largo de la historia. Las palabras compartidas nos hablan del amor y el dolor porque esa era la propuesta. Pensar esta asociación desde distintos lugares nos permite desarticular presupuestos, a través de tantas miradas de mujeres que se duelen porque viven.  

Agradezco a todas las mujeres que nos acompañaron en el artículo: Claudia Martínez, Elena Solís, María de los Ángeles Romero, Yola Antoria, Ana Rona. Jimena Dibarboure y Alejandra Wolff.

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La fuerza de la red

Texto de Roxana Rügnitz. Fotografía por Mariela Benítez

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Esta sección nace con la intención de escribir sobre las mujeres que han tejido un entramado de redes para sostenernos, para enseñarnos y para heredarnos una alternativa de la historia. Esta sección ha querido honrarlas, abrazándolas a todas. La vara es alta, no será una empresa fácil, pero estoy convencida de que es necesaria.


Una de las pioneras feministas de nuestro país me contó la historia de «pasar el zapato». Sucede que venimos descalzas, desarmadas de todo lo que necesitamos para ser mujeres en este mundo y en este contexto. Sin embargo, otras nos antecedieron y descubrieron, más temprano que tarde, el costo de ser feminista y la necesidad de organizarse.

Probablemente muchas tuvieron que andar sin calzado durante algún tiempo, pero forjaron los hilos indispensables para llegar a nosotras y entregarnos los zapatos que ya debemos dar a las que vienen detrás. Es una tarea que se sostiene entre todas: las mayores que, en un momento, comprenden que es hora de pasar la posta y las jóvenes que la reciben porque nada empieza de cero. Ya existen zapatos para continuar transformando, pero desde una articulación que cimenta el proceso.

Esto sucede en todas partes. Es una marea que desborda. Estuve hace unos meses en México, donde conocí la Colectiva Editorial Hermanas en la Sombra, que trabaja con mujeres privadas de libertad. No voy a ahondar en el tema, esperando que sean ellas quienes escriban al respecto en el próximo número. Las traigo a mi memoria porque a través de su experiencia se volvió muy evidente la importancia de contar la historia. Existen muchas mujeres haciendo trabajo social en las sombras, existen muchos colectivos activando, pero ¿qué pasa si no se genera un relato sobre lo que hacen?

La ausencia del relato tiene consecuencias. Se me ocurren apenas dos: por un lado, el borramiento de los procesos que terminan imponiendo un continuo volver a empezar y, por otro lado, la entrega de espacios para que la historia la cuenten otrxs, recortando la visión de los hechos. En Uruguay tenemos muchas hermanas en las sombras. Hoy voy a hablar de uno de los colectivos que las agrupa y que ha nacido para ser un bloque de acción y respuesta a todo lo que pueda implicar una amenaza a nuestros derechos, pero también ante cualquier situación en que una mujer se vea violentada. Este grupo surgió con la característica de ser autoconvocadas y con la aspiración de lograr un activismo desde la horizontalidad.

Si bien es imprescindible organizarse, mostrar, también es importante contar lo que se hace desde los lugares más corridos del centro hegemónico, por eso hoy hablamos de Resistencia Feminista.

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Esta colectiva, que me honra integrar, está conformada por muchas mujeres y todas importantes. Sin embargo, para contarles esta pequeña historia, (porque tiene un año de existencia), aunque inmensa por lo que significa, hablamos con tres de sus integrantes. La antropóloga Patricia Totorica, la maestra y senadora Amanda Della Ventura y Ximena Giani, activista en derechos humanos y derechos de las adolescencias en conflicto con la ley penal. Ante ellas, mi palabra se convierte en transcriptora para que sus voces les lleguen de la manera más clara y directa. Les pido que cada una me hable de Resistencia Feminista desde su subjetividad. Qué sienten, cómo la viven, qué supone para ellas esta colectiva.

Decido comenzar con la mirada de la senadora Amanda porque, desde su lugar en el Parlamento, tiene una perspectiva distinta de las representaciones de estos espacios de acción social. En su comprometida generosidad, responde de inmediato: «Este grupo significa mucho para mí. Es un lugar original de sororidad y de apoyo, como suele decir Patricia, la lideresa natural. Porque, más allá de que nos definamos como un colectivo horizontal en el que participamos todas, Patricia ha sido el motor que mueve y nos sacude incansablemente. Desde una perspectiva cotidiana y en lo concreto, el colectivo posibilita ver lo que pasa alrededor de un tema en específico y a partir de ahí, reaccionar y actuar en la práctica. No somos un grupo más. Aquí estamos muchas mujeres de distintos lugares, bajo la consigna que le gusta repetir a Patricia, “ninguna le suelta la mano a ninguna”, lo que nos define. Todas nos apoyamos a través de los medios que tenemos para ir más allá de las palabras. Estamos en donde cada una de nosotras nos necesite».

Le sigue Ximena, una de las jóvenes involucrada con Resistencia, y sus palabras son suficientes para comprender todo lo que supone formar parte del grupo: «Resistencia Feminista surge de “La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) se defiende”. Surge de esa terrible sensación de que nos arrebataban un derecho militado, legislado, apropiado y pionero en relación a nuestros derechos sexuales y reproductivos. Se trata de una ley que pasó y traspasó un veto presidencial. En el colectivo se siente esa fuerza que nos impulsa, independientemente de dónde vengamos, que se vio reflejada en esta grupa autoconvocada en la que todas fuimos encontrando nuestro lugar. Trabajamos en red. En un tejido infinito de posibilidades, pero tratamos de hacerlo de forma horizontal y corporativa, rescatando y potenciando nuestras particularidades. Esta es, además, una red intergeneracional que da cuenta de la cantidad de mujeres que estamos viviendo historias distintas. Es también una red disidente, porque entendemos que se trata de un espacio para todes. 

Resistencia Feminista es una herramienta de trasmutación, de lucha, de empoderamiento y aprendizaje que nos sostiene. Una red de intercambio y discusión que analiza, pero también es muy crítica. Este es un lugar de construcción de los feminismos, en su amplia definición y su alta participación. Un colectivo de pluralidades que sigue en construcción y con una cabeza como motor, que es Patricia Totorica, fuera de discusión. Ella se mete a fondo en cada situación, impulsa, arenga y convoca aún en su tránsito personal por una enfermedad oncológica, Patricia ha tocado cada fibra desde los distintos niveles que nos movilizan y atraviesan».

En algún momento de este relato se hizo muy notorio que había un componente que era denominador común de todo lo que implica el movimiento de Resistencia Feminista. Estaba claro que Patricia, aún ante la lógica de la organización horizontal, era clave para la activación del colectivo. Por lo tanto, si hablar de esta organización remite directamente a ella, se vuelve indispensable su voz. Ella nos cuenta cómo y por qué surge la colectiva: «Resistencia Feminista es una derivación de algo que comienza en octubre de 2021 y que se llamó “La IVE se defiende”. Un jueves escuché las declaraciones del director de la Administración Nacional de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), Leonardo Cipriani, que planteaba la intención de comenzar a revisar los procesos que forman parte de la IVE y entonces me indigné.

La ley que tenemos con respecto a la IVE es una buena ley, mejorable, claro, pero es una buena ley. Establece, entre otras cosas, determinadas garantías para la mujer, como por ejemplo que la junta de especialistas que la ven no tiene potestad para decidir sobre si va o no a continuar con el embarazo. La que decide eso siempre es ella y no el equipo técnico. Cipriani decía que se estaban autorizando «de forma automática» la realización de la interrupción de embarazos. Esa afirmación significa una mala interpretación de la ley, voluntaria o por desconocimiento, lo que es igual de tremendo. En ese momento entendí que debíamos hacer algo. Yo creo profundamente en los movimientos sociales. Como dice Margaret Mead, “nunca dudes de grupos de personas comprometidas que puedan cambiar el mundo”. Así que, esa misma tarde, en un arranque de “vasquismo”, armé un grupo de WhatsApp con treinta mujeres amigas, militantes y feministas. Las puse a todas como administradoras y me fui el fin de semana a descansar, porque justo había empezado el tratamiento, así que me desconecté de todo. Cuando volvía, el domingo de noche, recibo un mensaje de una amiga y connotada veterana feminista quien, en sus términos maravillosos, me dijo “Bo, yegua, ¿a ver si te haces cargo de esto que armaste?”. Ese grupo de solo treinta mujeres se había transformado en un grupo de trescientas. Tuvimos que hacer una cadena de correos para poder integrar a todas las mujeres que se iban sumando.

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A partir de ahí, empecé a hablar con mujeres de todos lados, nos fuimos convocando unas a otras y generando un movimiento espontáneo que en cinco días juntó a cientos de mujeres de distintos feminismos, con las que nos encontramos en la plaza Independencia de Montevideo con el fin de entregarle una carta al Presidente y expresar nuestro repudio a las declaraciones de Cipriani. Esto acabó por generar un movimiento que se replicó en Buenos Aires en la puerta de la embajada uruguaya a la misma hora. Muchas mujeres empezaron a contactarse con el grupo para sumarse a manifestar, con ganas de poner el cuerpo, pero desde la conciencia de que, si no lo hacíamos, se venía una brava. Era visible ya la intención restauradora de los valores más conservadores, lo que ponía en riesgo todos nuestros derechos adquiridos.

Esta movida tuvo una particularidad, todas las integrantes proveníamos de distintos sectores políticos y sociales, la gran mayoría de izquierda, aunque no sé si hay mujeres de otros partidos. Fue una de las primeras experiencias donde dejamos de lado nuestros propios colectivos y movimientos para constituirse en una organización horizontal. Con respecto a la importancia de este hecho, hace un mes me contactó una periodista española para entrevistarme sobre la IVE y sobre la manifestación que logramos al juntar miles de voluntades sin importar si la lideraba alguien o quién la convocaba.

Del grupo inicial se crearon redes para replicar nuestras movidas. Llegamos a ser tendencia durante varios días, algo que es muy difícil en Uruguay. Todo esto tuvo un impacto enorme, pero especialmente en nosotras al comprender que podíamos unirnos para pelear juntas más allá de las discrepancias. El movimiento feminista uruguayo es sumamente diverso y la diversidad siempre construye. Esto vuelve realidad el sueño de encontrar un espacio feminista de militancia, más allá de interesas particulares. Un lugar donde el poder no se ejerza de manera patriarcal porque todas somos iguales.

En algún momento de todo este proceso, resolvimos hacer una asamblea de evaluación y fue ahí que se propuso trascender la situación coyuntural de la IVE y transformarnos en un movimiento que hoy se llama Resistencia Feminista. Este es un espacio muy querido que vivo con mucho amor, aunque a veces puede ser una carga porque el haber sido la impulsora me genera la responsabilidad de no dejar que se caiga, de sostener. De todas formas, es una experiencia maravillosa en la que habemos mujeres feministas de muchas perspectivas distintas que tenemos algo en común, queremos cambiar el mundo, volverlo más justo e igualitario. Aprendo todo el tiempo de este grupo, de todas y de mí, de mis frustraciones, de las cosas que debo mejorar, como por ejemplo aceptar que no siempre tengo razón (risas) y que puede haber otras formas de hacer las cosas. Es un espacio en construcción que ha generado lazos de amor. Yo vivo Resistencia Feminista como la red donde discutimos de lo que pasa, pero donde también hablamos de nuestras vidas como personas, como mujeres. 

En este proceso recordé algo del pasado. Hace 25 años yo era una antropóloga recién recibida y fui a Chile, a Temuco, a una comunidad mapuche para hacer un laburo con Renzo Piubarte. Allí, una sacerdotisa mapuche me dijo: “Vos sos puente”, lo que no entendí en su momento. Hoy me doy cuenta de que sí, es lo que soy. Conecto personas para generar red, que es la manera en que las mujeres nos hemos organizado históricamente y sin el permiso del patriarcado. Entiendo que la única forma de cambiar el mundo desigual que habitamos es la lucha feminista y se logra así, con espacios como este, donde todas somos importantes y donde experimentamos esto que implica organizarnos sin que nadie ejerza el poder, sin jerarquías. Porque necesitamos estar atentas, que nos duela en el estómago las injusticias, los femicidios, las violaciones. Así es Resistencia Feminista. Un espacio de compañeras, de hermanas donde aprender, con una intención y un objetivo político, porque eso es el movimiento feminista. Resistencia Feminista es la tribu. Me siento contenida aquí y entre todas hacemos lo que se necesite hacer para ayudarnos, para remarcar, no solo la lucha, sino las cosas que hacemos bien y que nos permita generar una cultura entre nosotras, un relacionamiento sin competencias. Resistencia es para mí un sueño cumplido y una vida con motivo. Desde acá y entre todas, ninguna le suelta la mano a ninguna».

No es necesario continuar, esa frase que es símbolo del movimiento se convierte en aquel tejido inicial, que finalmente nos abraza a todas. 

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Enten und Kalender

¹ «Ley 18987 del 17/10/2012 y su Decreto Reglamentario Nº 375/12. La  garantiza el derecho a la procreación consciente y responsable, despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo hasta la 12ª semana […]». (Manual de Procedimientos para el Manejo Sanitario de la Interrupción Voluntaria del Embarazo. Ministerio de Salud Pública de la República Oriental del Uruguay).

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Eine Generation, die hoch fliegt

Text von Roxana Rügnitz. Fotografie von Mariela Benitez

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„Der junge Mann fürchtet die Maschine, die ihn erwischen wird, manchmal versucht er sich mit Steinen zu verteidigen; der alte Mann, von ihr zurückgewiesen, erschöpft, nackt, hat nichts als Augen zum Weinen. Zwischen den beiden dreht sich die Maschine, zerquetscht Männer, die sich zerquetschen lassen, weil sie sich nicht vorstellen können, dass sie entkommen können. Wenn man die Lage der Alten verstanden hat, kann man sich nicht damit begnügen, eine großzügigere "Alterspolitik", Rentenerhöhung, gesundes Wohnen, organisierte Freizeit zu fordern. Das ganze System steht auf dem Spiel und der Anspruch muss radikal sein: das Leben zu verändern“ (Simone de Beauvoir)

 

Bei dieser Gelegenheit stellt uns das Thema des Magazins vor eine Übung, die nicht einfach ist und bei der wir normalerweise nicht viel nachdenken. Das Alter, jener Lebensabschnitt, der immer mit negativen Aspekten verbunden ist: körperlicher Verfall, Verlust von Schönheit, Energie und die Nähe des Todes.

 

Als Gesellschaft haben wir sehr wenig über diesen Lebensabschnitt nachgedacht, seine Realitäten, sein Potenzial und wie er gelebt wird, in einer schwindelerregenden Welt, die scheinbar keine Zeit für jeden hat, der nicht "aktiv" ist.

 

Dann fällt mir ein Wort ein, das mit dem Ende der Arbeitszeit verbunden ist, das aber bei älteren Menschen Fleisch geworden ist: „passivs“ sein. Die Last dieses Begriffs trifft meinen gesunden Menschenverstand. Als ob die Gesellschaft von Ihnen verlangte, das Leben plötzlich anzuhalten und weil Sie in einem Alter sind, das eine "Ruhe" zu erfordern scheint. Wer legt diese Grenze fest, warum wird sie auferlegt?

 

Wenn wir Menschen als „alt“ definieren, nehmen wir bereits viele Annahmen in die Sprache auf, die aus Vorurteilen stammen, die mit Ideen verbunden sind, die weit entfernt von allem sind, was als schön gilt: Jugend, Aussehen, Verlangen. Wir haben ein Universum des Alters aufgebaut – vom Konzept bis zum Material – das dunkel ist, voller negativer Imaginationen, das uns Angst macht und uns von Gewalt distanziert, obwohl die Stunden nicht aufhören, für niemanden.

 

Doch in diesem 21. Jahrhundert, so wechselhaft wie das vorangegangene, ändert sich die Perspektive, es gibt ein anders wahrgenommenes Erlebnis, das den Spielraum der Genusszeit erweitert.

 

Die Menschen, die heute alt werden, sind nicht mehr die gleichen wie früher. Auch wenn diese Aussage in eine erstaunliche Offensichtlichkeit gerät, baue ich sie ein, um sie zu sehen, um diesen Unterschied zu den Frauen zu verarbeiten, die heute das sogenannte «dritte Alter» durchlaufen. Mit ihnen finden wir uns selbst und durch sie denken wir uns neu.

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Wir sind Zeit. Wir sind ein biologischer Organismus, der in seiner Entwicklung das Alter erreicht. Ein Prozess, der damit verbunden ist, das Ende des Weges zu erreichen, und nicht das Privileg, durch einen Körper zu gehen, eine ganze Geschichte, die von der Idee und Emotion lebt. Warum reden wir nicht über das Alter?

 

Heute, in diesem Abschnitt, Sie sind die Frauen mit einer Stimme, mit Taten und Entscheidungen. Es sind Frauen, für die das Alter überhaupt kein Hindernis darstellt. Wir haben Norma Blanco (82), Martha Garabedian (81), Lilián Liaci (89) und Juanita Stillo (82) interviewt.

 

Das Treffen war sehr lustig. Drei von ihnen sind Freunde, sie sind in den fünfziger Jahren in Cerro, dem Viertel der Kühlschränke und des Fleischverbandes, zusammen aufgewachsen. Dieser Kontext definierte sie. Frauen, die in einem Arbeiterviertel aufgewachsen sind, aber mit gewissen Privilegien: alle weiß, alle mit Zugang zu Bildung.

Es fällt mir schwer, mit den Fragen zu beginnen, aber mir fällt ein, dass wir wissen müssen, was es bedeutet, die Zeit des Alters aus dem Körper heraus zu leben.

 

Juanita Stillo, eine klare und sehr effektive Frau, antwortet, wenn sie spricht: «Ich habe das Gefühl einer Frau, die immer noch etwas tun will. Obwohl ich mir keine Sorgen um das Alter mache, fühle ich mich nicht wie 82. Wenn ich Alter sage, erinnere ich mich an meine alten Tanten, die 70 Jahre alt waren, aber ihre Körperhaltung und Kleidung ließen sie wie tausend Jahre aussehen. Ich denke, dass all die vielen Vorurteile, die sie hatten, sie eingeschränkt haben».

 

Sie kennen sich so gut, dass es manchmal schwierig ist, einem roten Faden zu folgen, sie sprechen über alles, sie sprechen über Geschichten, über Erinnerungen, aber sie kehren wie ein Spiel zum Interview zurück. Norma führt mit einer Stimme voller Vitalität Juanitas Idee fort: „Es ist, dass sie eine andere Ausbildung hatten. Ich bin der Älteste, aber ich freue mich, in diesem Alter zu sein. Heute fühle ich mich freier. Ich drücke aus, was ich fühle, ohne die Zurückhaltung dessen, was andere denken mögen. Es stimmt auch, dass ich das Glück hatte, einen Vater zu haben, der mich zu einer freien Frau mit allen Möglichkeiten erzogen hat. Ja, das war vor 75 Jahren eine Seltenheit für die damalige Zeit.

 

Während sie mit den Zeiten von gestern und heute spielen, die sich in ihren Erfahrungen verflechten und in ihren Körpern widerspiegeln, denkt Martha über die Idee nach und antwortet: „Heute, in meinem Alter, fühle ich mich sehr gut. Ich glaube nicht, dass ich alt bin, ich lebe und – trotz einiger Schmerzen, die eine Erinnerung an das Alter sein können – gehe ich aus, ich tue Dinge, um nicht zu bleiben».

 

So bin ich zu einer anderen Idee ermutigt. Alles in seinen Geschichten ist mit dem Tun von gestern und heute verbunden, aber was ist mit morgen? Also frage ich sie: "Hast du Angst vor der Zeit?"

 

Norma fährt entschlossen los: «Nein, ich habe keine Angst. Es ist etwas, das passiert und sich aufbaut. Das Leben bringt alles und wir leben es. Das, was passiert ist, war das, was ich leben musste, wurde zurückgelassen; was es ist, ich genieße es.“

 

Martha antwortet und denkt an diese Zeit, die ihnen im Überfluss gehörte, und erzählt uns: «Die vergangene Zeit war sehr schön, wir hatten eine schöne Kindheit und das sind Erinnerungen, die uns vereinen und mit allem verbinden, was wir waren. In diesem Sinne, da die Vergangenheit so glücklich war, habe ich das Gefühl, dass die Gegenwart voll davon und seinen Ergebnissen ist, also ist es kein Problem.

 

Als Lilián wenig später eintraf, schloss sie sich der Idee leicht an: «Ich hatte alles in meinem Leben. Traurigkeit und Freude. Die Zeit der größten Ausbildung verbrachte ich allein mit meinem Vater, der Künstler war, der in mir eine Sensibilität für Musik entwickelte, die mich heute trägt und mir Freude bereitet».

 

Juanita spielt mit ihrem Lebensweg, um zu antworten: „Die Vergangenheit ist meine Wurzeln, aber heute habe ich ein eigenes Leben, das ich definiere. Heute genieße ich meine Momente, die ich wähle. Ich lebe allein, obwohl meine Kinder immer gehen, und ich habe die Macht zu entscheiden. An meinem Körper, ja, ist die Abnutzung zu spüren. Sie registrieren sich stellenweise durch Schmerzen, aber ich sitze nicht still. Ich mache Wassergymnastik und die Alexader-Technik, um diesen Aspekt zu unterstützen. Ich gehe auch aus, ich gehe ins Theater, ich mache immer Dinge, die mich motivieren, wie zum Beispiel Freunde treffen.

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Da sehen sie sich an, sie lachen, sie sehen aus wie Teenager, die den Moment genießen, und irgendwo sind sie. Sie vermitteln mir ein Vertrauen in das Leben und seine Möglichkeiten, das sogar mein Schreibregister verändert. Nachdem sie sich untereinander geäußert haben, antwortet Norma:

«Ich lebe allein, obwohl ich einen Sohn bei mir habe, der fast nie da ist. Ich wurde vor fünf Monaten verwitwet. Was ich tue, um gesund zu sein, ist sehr vielfältig. Ich lese gerne und viel. Ich schreibe auch, obwohl ich mir jetzt Zeit nehmen muss, um den Tod meines Mannes zu verarbeiten, und ich weiß, dass ich es tun werde. Ich habe mich mit meiner ersten Witwenschaft, mit meinen kleinen Kindern, schon wieder gefasst, also wird es jetzt nicht anders sein. Ich bin immer viel geschwommen, vierzig Jahre lang. Vielleicht habe ich deshalb ein gutes Verhältnis zu meinem Körper. Schwimmen hat mir das Leben gerettet. Es erlaubte mir damals, eine Tragödie zu ertragen. Ich habe jetzt seit acht Jahren einen Herzschrittmacher, aber ich fühle mich großartig. Ich wache auf und mache 45 Minuten Sport, weil mein Körper es mir sagt. Es ist klar, dass die Zeit unseren Körper zersetzt, das gehört dazu und wir wissen es. Ein Stuhl verdirbt, werden wir nicht Menschen verderben? (lacht).»

 

Martha fährt mit der gleichen Logik fort. Drei verwitwete Frauen, drei Frauen, die allein leben, abgesehen von der Anwesenheit von Kindern – in diesem Fall alles Männer – die sie brauchen. Diese Einsamkeit in seinen Worten scheint keine Beschwerde zu sein. Im Gegenteil, es ist ein Anspruch.

 

„Ich lebe allein, ich bin Witwe. Nachts ist es für meinen alten Körper die schlimmste Zeit, denn im Bett tut alles weh, also freue ich mich auf die Morgendämmerung. Ich stehe auf, gehe, mache Besorgungen und erledige meine Sachen im Haus und dann fühle ich mich plötzlich wieder gut, ohne Schmerzen. Ich weiß, dass mein Körper durch Schmerzen definiert ist: die Wirbelsäule, Sehnenrisse usw. Aber ich beschwere mich nicht. Ich mache Übungen, ich benutze eine Salbe gegen Schmerzen und mache weiter.»

 

Wir reden über den Körper, also denke ich über das Aussehen nach, das Visuelle, und ich frage sie, ob sie sich mögen.

 

Martha scherzt, vergleicht, kommt aber zu dem Schluss: „Sie hat mir früher besser gefallen (lacht). Ich habe wirklich das Gefühl, dass wir gut altern. Ich versuche Dinge zu tun, um mich gut zu fühlen und Spaß zu haben." Juanita folgt ihr: «Ja, jetzt hat sich alles geändert. Wir tragen Kleider, die uns gefallen, modern, mit Farben, ohne Komplexe». In diese Linie der Verwendung von Objekten für den Körper springt Norma und sagt: «Ich habe mich befreit. Ich trage keine Absätze oder BHs mehr, das ist lange her."

 

Lilián hat eine andere Realität. Es sollte immer noch Unterstützung für andere Situationen sein. Ihr Blick hält Wünsche fest, die sie ausspricht: «Ich bin sehr gesund, ich habe keine Arthrose, ich habe kein Rheuma, mit 89 Jahren nichts, aber ich muss meinen Mann in seinem Prozess begleiten, was hart ist. Ich gehe gerne mit Freunden aus und spazieren. Ich gehe jeden Tag spazieren, um mir Luft zu verschaffen und trotz meiner persönlichen Situation weitermachen zu können. Ich versuche zu lesen, aber die Aussicht begleitet mich nicht mehr. Ich höre viel Musik, besonders Streichquartette. Was ich tun kann, um gesund zu sein, tue ich immer.

 

Mir fällt auf, dass die Zeit in ihrem Leben nicht nur am Körper gemessen wird, sondern auch an den Themen, die die Moderne mit sich bringt und die beim Handeln ein Problem sein könnten. Ich frage sie nach den Netzwerken und denke, dass sie mir antworten würden, dass sie sie nicht verstehen, und ich merke, dass ich es bin, der sie nicht versteht, wenn ich ihnen zuhöre.

Juanita erzählt mir, wie sie dank ihres Sohnes gelernt hat, mit den Netzen umzugehen. „Als ich in den Ruhestand ging, wollte ich meinen Wurzeln in Italien auf den Grund gehen. Dort habe ich gelernt, mich mit der Suchmaschine zu informieren. Als wir geboren wurden, gab es nur Radio. Heute habe ich Facebook, ich habe gelernt, Rechnungen mit dem Computer zu bezahlen, um diese neuen kommunikativen Realitäten so weit wie möglich zu verwalten».

 

Norma scheint im Rahmen der Erwartung zu reagieren und überrascht uns: «Ich komme mit Netzwerken nicht so gut zurecht. Ich komme aus der Zeit des kleinen Notizbuchs, wo ich alles aufschreibe. Ich habe immer noch ein Handy und mache Geschichts- und Literaturkurse per Zoom von meinem Handy aus»

Martha ergänzt: «Ich habe zuerst mit dem Computer angefangen, weil meine Tochter nach Hause kam und es mir beigebracht hat. Sobald ich gelernt hatte, tat ich alles. Auf meinem Handy habe ich alle Netzwerke: Facebook, Instagram und WhatsApp. Ich schaffe alles, soweit ich kann. Ich habe sogar gelernt, auf YouTube nach Filmen zu suchen und sie im Fernsehen zu zeigen.

Lilián erzählt uns: «Ich mache alles am Computer. Ich benutze Google, die Suchmaschine, aber ich habe es selbst gelernt. Versuchen".

 

Wir schließen das Treffen mit Frauen ab, die nicht nur eine Vergangenheit haben. Sie haben eine aktive Gegenwart und das ermöglicht es mir, sie nach der Zukunft zu fragen:

Alle sprechen gleichzeitig. Sie sind voller Pläne, Ideen, Möglichkeiten. Sie wollen reisen, sie wollen Kurse besuchen, sie wollen ihre Freunde treffen und sich an ihren Enkeln und Enkelinnen erfreuen. Sie sind voll. In diesem Moment wurden sie zu Lehrern, die fähig waren zu lehren, dass die Frage des Alters formal ist. Sie demontieren alle kulturellen Vorstellungen über das Alter, um uns zu zeigen, dass es immer Zeit gibt und dass das Leben das ist, was wir jetzt haben, kein Versprechen, keine Idee, es ist das, was wir heute tun.

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¹ Verband der Arbeiter der Fleisch- und verwandten Industrien (foica).

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Der Faden der Erinnerung. Eine feministische Leistung von fünf Frauen

Text von Roxana Rügnitz. Fotografie von Mariela Benitez

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Freundschaft zwischen Frauen ist der einzige Weg

um die Welt zu retten und Leben zu retten.

Rita SEGATO

Die Geschichte der Menschheit hat alle Wege für den Aufbau der Gesellschaft, in der wir heute existieren, durchlaufen. Der größte Teil dieser Reise wurde von Männern konzipiert, produziert und geleitet. Die gesamte soziale Ordnung und die Rolle der Individuen innerhalb dieser Ordnung wurden von Männern bestimmt. Dies hat, was offensichtlich ist, den Platz definiert, den Frauen eingenommen haben. Sie haben uns von der Idee bis zum Körper kolonisiert.

 

Wir mussten durch viele Freudenfeuer gehen, bis wir uns in den anderen als gleichberechtigte Weber eines Unterstützungsnetzwerks für Schmerzen entdeckten. Wir haben geboren, wir haben dem Verlangen entsagt, wir haben geschwiegen und alle Arten von Gewalt ertragen. Heute fordern unsere Stimmen weiter.

 

Der März kommt und Alternate Skin denkt an sie, diejenigen, die die Geschichte des Feminismus in Uruguay geschrieben haben. Diese Verrückten und Wagemutigen, diese wenigen Frauen, die in den 80er Jahren ihre privaten Räume, ihre Orte des „Tröstens“ verließen und sich allem stellten, um uns den Weg zu ebnen.

 

Das Treffen auf der Plaza Las Pioneras wurde mit Elena Fonseca, Lucy Garrido und Guadalupe Dos Santos abgehalten. Während das Interview mit Lilián Abracinskas und Lilián Celiberti in ihren jeweiligen Häusern geführt wurde. Es wird eine Herausforderung für das Magazin sein, den Reichtum seiner Worte zu vermitteln.

 

Ein Nachmittag bei den Pionieren

Sehen wir den Feminismus der 80er schwarz auf weiß? Wer waren diese Frauen, die den Sprung zur Transformation geschafft haben?

 

Ich sehe sie dort, auf diesem Platz sitzen, der rechtfertigt, was sie getan haben. Elena ergreift vielleicht das Wort, weil sie sagt: «Ich bin die Älteste, ich bin 91 Jahre alt». Ich denke an sie zu dieser Zeit, als eine erwachsene Frau, die das offensichtliche Privileg des Komforts hinter sich ließ, um die Welt für alle zu verändern. Während ich diese Idee schüre, beginnt sie: «Was mir in diesem Moment klar war, war das Gefühl, das zu kollektivieren, was wir dachten. Nicht das Kollektiv der Straßenfüller. Es war, einen nach dem anderen zu treffen und Sie gründlich zu verstehen. Das war ein Schock. Zu dieser Zeit erschien eine Veröffentlichung mit dem Titel „Zu wissen, dass wir nicht allein sind“, dieser Titel gibt Ihnen die Richtlinie dessen, was mit uns geschah. Für mich lebe ich mehr als die Theorie der Emotionen, es war eine Emotion zu erkennen, dass das Gleiche mit den Frauen passiert ist, mit denen ich gesprochen habe.

 

Guadalupe raucht und denkt zurück. Sie und ihre Geburt zum Feminismus, wie ein heiliger Moment, der dich für immer verändert. Ihre Worte sind mit Erinnerung geordnet: «Ich weiß nicht, wie ich zum Feminismus gekommen bin, denn zuerst bin ich zum Gewerkschaftswesen und zur AFMUCASMU-Frauenkommission (1) und zur ersten organisierten Frauenkommission in der PIT-CNT (2) gekommen heute scheinen sie es vergessen zu haben. Ich habe damals theoretisch und politisch nicht verstanden, was da vor sich ging, aber irgendetwas stimmte nicht. Die Misshandlungen der Compañeras, die immer im Hintergrund blieben, kamen hinzu zur Ankunft von Frauen, die aus dem Exil kamen und uns Lesestoff brachten. All dies führte dazu, dass wir zusammenkamen, um Studienzentren zu gründen. Nach und nach begann all diese Bewegung stattzufinden, die mehr als massiv und gewissenhaft war.“

 

Die drei haben ein hohes Maß an Verständnis, auch bei Meinungsverschiedenheiten. Sie machen Spaß und haben ein tiefes Bewusstsein für den Prozess und seine Reise. Lucy ergreift das Wort, um diese Distanz von gestern zu heute zu analysieren: „Zwischen dem, was gestern passiert ist, und dem, was heute passiert, gibt es große Unterschiede. Aber wenn ich heute jung wäre, würde ich das tun, was junge Frauen tun, noch radikaler. Es ist wahr, dass viele der Dinge, die sie jetzt tun, nicht neu sind. Als sie zum Beispiel „Fed up“ herausbrachten, war das unser Slogan. In einem Statement, das wir 1995 veröffentlichten, hieß es bereits: „Fed up with...“, mit einer langen Liste von Dingen. Im Allgemeinen haben wir fast alles gemacht, aber ohne die Auswirkungen, die wir glücklicherweise jetzt haben mussten zusammenkommen, wir kamen von verschiedenen Orten, wir kamen von links, andere von der Gewerkschaft oder der Partei, und das war unvermeidlich.Heute wollen die jungen Frauen, mit allen Rechten der Welt, nichts Erreichtes berührt werden, aber sie müssen wissen, dass all diese Eroberungen das Ergebnis eines langen Kampfes waren, in dem wir und viele Feministinnen sehen mussten, dass Cotidiano Mujer als Kommunikationsmittel eine wichtige Möglichkeit hatte, andere verrückte Feministinnen zusammenzubringen, die es waren wie wir, also haben wir über sie berichtet Wir haben gezeigt, dass es sie gibt: Es gab Feministinnen in Cerro Largo, Gruppen schwarzer Frauen aus Barrio Sur, organisierte Tabakfrauen, es gab viele junge Gruppen, die nach der Diktatur entstanden sind. Wir sehen den Kampf all dieser Frauen. Das erste Mal, als geschlechtsspezifische Gewalt im Parlament diskutiert wurde, war es ein Witz für sie. Unser Ziel war es, das Unsichtbare sichtbar zu machen und deshalb haben wir uns mit allen Themen beschäftigt»

 

Das Rohprodukt des Patriarchats bloßstellen, die Verwaltung unserer Körper als mit wirtschaftlichen Interessen verbundene Ware denunzieren, Inhalte wieder in Worte fassen, all das, was wir heute mit absoluter Selbstverständlichkeit handhaben, war für diese Frauen ein Territorium des Kampfes und der Eroberung des Neuen Generationen. Guadalupe macht deutlich, wenn sie sagt, dass „schlechte Wörter, wie zum Beispiel lesbisch, begannen, politischen Inhalt zu haben. Es waren keine bösen Worte mehr, denn hinter ihnen verbarg sich ein ganzes Universum von Signifikanten». Aus diesem Grund grenzt Elena einen klaren Satz ab: „Nennen heißt Realität besitzen. Wir haben die Bedeutung einiger Wörter geändert, wir haben Konzepte geschaffen, die heute die Jüngsten geerbt haben».

 

Ich frage mich, ob sie den Wert dessen, was sie getan haben, im historischen Sinne verstehen, und Lucy antwortet, ohne davon abzuweichen: «Früher gab es andere Feministinnen, wie die Luisis (3) zu Beginn des Jahrhunderts. In der Postdiktatur gab es Cotidiano und Grupo de Estudios sobre la Condition de Mujer (GRECMU), weil die anderen Gruppen nicht als feministisch bezeichnet wurden. Was passiert ist, dass, wenn Sie damals dachten, Sie seien eine Feministin, Sie waren verrückt oder Sie waren eine Lesbe oder Sie hassten Männer.

 

Mich interessiert die Beziehung dieses Feminismus zur Parteipolitik, verbunden mit dem Kontext des Ausstiegs aus der Diktatur. Ich frage sie, ob es eine Verschiebung der feministischen Interessen gegeben hat, um dieses erste Ziel zu verfolgen, nämlich sich gegen den Staatsterrorismus zu positionieren.

Elena antwortet sofort: «Wir wurden in unserem Kampf zur gleichen Zeit geboren, als die Diktatur aufgegeben wurde, und das hätte meiner Meinung nach Verwirrung stiften können. Einige Jahre später, 1993, als die Wiener Konferenz abgehalten wurde, wollten die Menschenrechte alles auf die Frage des Staatsterrorismus reduzieren, und dort haben wir hart dafür gekämpft, die Ziele des Feminismus zu integrieren. Die Wahrheit ist, dass ich naiv glaube, dass wir die Welt verändert haben».

 

Lucy verdeutlicht einige Aspekte: „Was passiert ist, dass der Hauptkampf damals das Proletariat gegen die Bourgeoisie war. Von diesen Orten bekamen wir auch Räume. Wir gründeten die Frauenkommission „Breite Front“ (4). Seregni richtete für uns einen Platz im Haus der Broad Front (FA) ein, wo wir uns donnerstags trafen und ein gewaltiges Quilombo machten. Von diesen Orten aus organisierten wir den Marsch zur Verteidigung der grünen Stimme. Wir haben seine Bedeutung verstanden, weil die Gefangenen, die Verbannten, die Verschwundenen auch Frauen waren. Wir hatten Mut und Humor. Wir wussten, dass der Kampf um die kulturelle Hegemonie war, am Ende würde es so sein und heute sehen wir es ».

 

Der Feminismus war auf dem Vormarsch. Sie, wenige und mutig, waren auf der Straße, um unsere Geschichte zu verändern.

 

Jeden Tag wird eine Frau geboren

Als sie über das Magazin Cotidiano Mujer sprachen, waren sie sich alle auf einen Namen einig: Lilián Celiberti. Wir haben sie gebeten, uns den ganzen Prozess zu erzählen, der vom Gefängnis – als weibliche politische Gefangene der Diktatur – zum Feminismus und von dort zum Magazin führt.

 

«Ich habe den Feminismus in Italien kennengelernt. Ich war von 72 bis 74 inhaftiert, als sie mich des Landes verwiesen. Sie brachten mich zu einem Boot, wo auch mein damaliger Mann und mein dreijähriger Sohn waren. Die Reise dauerte siebzehn Tage, was uns Zeit für ein Wiedersehen gab. In Italien lernte ich den Feminismus von Freunden kennen, die mich einluden, an Selbsterfahrungsgruppen teilzunehmen. 1978 beschlossen wir, nach Amerika zurückzukehren, um für die Verschwundenen zu arbeiten. Wir sind nach Brasilien gegangen, weil es sehr sui generis war und einen besonderen Demokratisierungsprozess durchmachte. Dort entführen sie uns mit meinen Kindern. Sie bringen mich in eine Kaserne in Uruguay. Es ist Zeit für die Einsamkeit im Gefängnis, für die Ängste und Schuldgefühle, die sie wie Geister durchfahren. Lilián hatte jedoch den Mut zur Widerstandsfähigkeit.

 

«Allein in der Kaserne klammere ich mich an den Feminismus, den ich in Pinselstrichen hatte, als Rettungsanker gegen Autoritarismus. Es war, als ich versprach, dass ich mich, wenn ich ginge, dem Feminismus mit Frauen widmen würde, ohne genau zu sagen, wie. Feminismus war für mich die Arbeit mit dieser Subalternität, die ständig Schuld in uns erzeugt, die Männer an die Stelle von Helden stellt und Frauen an allem die Schuld gibt». Dieses Versprechen wird sich wie ein Bündnis mit dem Schicksal erfüllen, wenn er aus dem Gefängnis entlassen wird und die Frau des Geschäftsträgers der Ialia-Botschaft, Ana María Colucci, trifft. Gemeinsam überlegten sie, wie man in unserem Land vom Feminismus arbeiten kann.

 

Celiberti gibt uns weitere Einzelheiten: „Ich war sehr weit von der Realität der Straße entfernt, während ich die ganze Zeit eingesperrt verbrachte. 1984 konnte ich nicht daran denken, eine feministische Aktionsgruppe zu gründen, weil ich nicht wusste, was außerhalb des Gefängnisses vor sich ging. Damals wurde die Idee eines Magazins geboren, um zu sammeln, was passiert, und es zu replizieren. Wir fingen an, uns zu treffen und eine Menge Reflexionen tauchten von uns allen auf. Wie würden wir es machen? Aus welcher Perspektive sind wir an jedes Thema herangegangen? Weil wir alle unterschiedliche Lebenserfahrungen und damit unterschiedliche Herangehensweisen hatten.» Ideen zu verschmelzen, Stimmen zu harmonisieren, selbst bei Dissidenz, war ein Weg der Stärke.

 

«In meinem Fall gab es eine große Spannung zwischen Feminismus und politischer Militanz in der Gewerkschaftsfront der PVP (5). Ich wollte eine andere Art des Politikmachens schaffen, also habe ich diese Beziehung bis 1992 geführt, als ich ging, immer im Dialog und von links. Ich mag den Satz von Paul Preciado sehr, der von „einem Links in der Haut“ spricht». Lilián berichtet von einem ganzen Prozess, in dem der Feminismus in unserem Land von Grund auf neu aufgebaut wurde, um mit eingefahrenen Stereotypen zu brechen. Dann gibt er dieser Notiz einen Titel. Es spricht von einem Erinnerungsfaden, der uns wissen lässt, woher wir kommen, wessen Erben wir sind und an wen wir den Stab weitergeben.

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Feminismus der 80er bis 90er Jahre

Das Generationentreffen zu einem bestimmten Zeitpunkt kennzeichnet eine Vielfalt von Ansichten und Erfahrungen. Wenn wir jedoch mit Lilián Abracinskas sprechen, einer der Jüngsten dieses Feminismus, stimmen viele ihrer Gefühle darüber mit denen überein, den Älteren, mit denen sie den Beginn einer Leistung teilte. Diese Vision, die sie alle unterstreichen, wie sie im Feminismus einen Ort gefunden haben, der sie repräsentiert und der es ihnen erlaubt, so viele gemeinsame Erfahrungen zu verarbeiten. Lilián spielt zwischen Lachen und Emotionen mit der Erinnerung, um uns zu sagen:

 

„Ich gehöre zur verlorenen Generation, zu denen, die beim Putsch sehr jung waren, aber Veteranen der 83. Generation des politischen Aufschwungs. Ich komme von der Universität, der Generation von '78, einer vollständig intervenierten Universität. Ohne die Möglichkeit eines Klosters oder einer Teilnahme, mit Streifen (6) innerhalb der Räumlichkeiten». Das erinnert ihn daran, was es bedeutete, Teil einer Zeit zu sein, in der Vertrauen nicht möglich war, in der Unterdrückung an der Tagesordnung war. In diesem Zusammenhang tritt Lilián aus einer persönlichen und schmerzhaften Erfahrung in den Feminismus ein: „Ich bin eine Überlebende einer unsicheren Abtreibung. Umgekehrt, das hängt direkt mit meiner Auseinandersetzung mit dem Thema Abtreibung zusammen. Weil ich einen Eingriff auf einem Küchentisch und mit einer Sonde überlebt habe, war die Möglichkeit zu sterben, aber ich war nicht allein. Vielleicht stelle ich mir deshalb einen Feminismus ohne Männer als Verbündete nicht vor, weil ich glaube, dass es empathische Männer gibt. Es ist nicht wahr, dass sie alle wegwerfbar sind.

 

Aus dem Körper, aus dem stummen Schrei und der Gewalt, die dir das Recht auf Vergnügen auferlegt, hat Lilián aus ihrer Erfahrung die Untersuchung ihres Lebens gemacht.

 

«Als ich 1981 am College meine Diplomarbeit schreiben musste, entschied ich mich für die Mutter-Kind-Beziehung, um zu analysieren, ob Mutterschaft ein angeborenes oder erworbenes Verhalten ist. Dafür habe ich im Pereira Rossell (7) einhundertfünfzig Geburten begleitet. Ich blieb bei dem Baby, bis es zur Mutter gebracht wurde. Damals fing alles mit dem Rooming-in an, eine sehr gute Theorie, die in der Praxis gesundheitlich nicht real war. Durch diese Recherchen hinterfragt sie den ewigen Slogan der Mutterschaft als natürlichen Akt für Frauen. «Dann begannen wir, uns mit dem Thema der Enteignung des weiblichen Körpers, seiner Sexualität und der Reproduktion durch Macht zu beschäftigen. Ich komme von diesem Stock. Das Wissen über den Körper wiedererlangen, dich erkennen, dich untersuchen können».

 

So tritt der Feminismus in eine umstrittene, aber gärende Zeit ein. «In den 80er-Jahren war Feminismus ein Schimpfwort. Es gab zwei Organisationen, einerseits GRECMU und andererseits Cotidiano Mujer».

 

Das Glockenspiel der Kathedrale ist wie ein seltsames Oxymoron zwischen dem, was wir tun, und dem, was dieser Klang darstellt. Lilian fährt fort:

 

„1984, als die Debatte der National Concertation begann, wo alle Parteien, Sektoren und Gewerkschaften im Naval Club zusammenkamen, aber die Frauen, die Widerstand geleistet hatten, diejenigen, die im Gefängnis waren, waren nicht da. Es gab keinen. Es war, als würde man ihnen sagen: „Mädels, danke für eure Dienste, jetzt geht zurück nach Hause und seid gute Hausfrauen“. Dann wurde die Programmvereinbarung für Frauen erstellt. Da waren die Weißen, die Roten, die Frontwinger (8), die Gewerkschafter und die Feministinnen. Wir behaupten, wenn es keine Frauen innerhalb der Nationalen Koalition gäbe, gäbe es Frauen außerhalb. Es war beeindruckend, ich war sehr jung. Sie war 25 Jahre alt und beteiligte sich bereits in einer sehr sprudelnden Zeit mit der Crème de la Crème an der feministischen Reflexion. Die Diskussionen, der theoretische Beitrag derer, die mit verdrehten Köpfen aus dem Exil kamen, und der Inhaftierten. Ich schließe mich Cotidiano dieser Truppe an. Wir waren die Krieger, nur eine Handvoll, die ein feministisches Magazin herausbrachten."

 

Diese Saat ebnete den Weg für die neunziger Jahre, für einen Feminismus der regionalen, generationenübergreifenden und interkulturellen Ausdehnung. Diese Jahre verbanden die Bewegung mit einer politischen Aktivität von internationalem Einfluss. Lilián sagt: «Die 90er Jahre waren von enormem Reichtum, der regionale Artikulationen stärkte».

 

Das waren die Grundlagen für die erste Frauenplattform im Jahr 1999: der uruguayische Staat und die Frauen. Das wird die erste diagnostische Vereinbarung sein, die feststellt, dass Rechte ohne Frauenrechte keine Menschenrechte sind.

 

Diese Schnipsel der Geschichte, die ich in die Notiz zeichne, sind ohne Zweifel ein Schatten all des Inhalts, den ihre Stimmen enthüllen, der für ein Buch hergeben würde. Sie sind die Feministinnen, die den Körper in eine komplexe Zeit versetzen, um uns einen Weg zu bauen, auf dem wir ohne Angst gehen und darüber sprechen können. Erinnerung, ein Gebiet, um das wir uns kümmern und bewässern müssen, um zu wissen, dass wir heute sind, weil sie es waren.

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(1) Casmu Women Officials Association

(2) Gewerkschaftsübergreifende Arbeitnehmerversammlung – Nationale Arbeitnehmerversammlung. 1983 in Uruguay geboren.

(3) Paulina Luisi, die erste Universitätsfrau des Landes. Luisa Luisi, Dichterin und Pädagogin.

(4) Die Breite Front ist eine politische Kraft Uruguays mit einer populären, progressiven, demokratischen, sozialistischen, antioligarchischen, antiimperialistischen, antirassistischen und antipatriarchalischen Definition​ auf der linken Seite _d04a07d8 -9cd1-3239-9149- 20813d6c673b_ des politischen Spektrums.

(5) Partei für den Sieg des Volkes. Breite Front.

(6) Tira: Polizist, der als Zivilist verkleidet arbeitet. Wörterbuch des Spanischen von Uruguay, National Academy of Letters.

(7) Es ist eines der wichtigsten öffentlichen Krankenhäuser in Uruguay, das 1908 gegründet wurde.

(8) Bezugnahme auf Frauen aus den verschiedenen politischen Parteien des Landes: National Party, Colorado Party bzw. Broad Front.

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Der Körper als Schild

Text von Roxana Rügnitz​​ / Fotografie von Mariela Benítez

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[…] Ungleichheiten entstehen durch die Art und Weise, wie Macht Identitäten artikuliert; sie sind das Ergebnis einer Unterdrückungsstruktur, die bestimmte Gruppen zum Nachteil anderer privilegiert.

Djamila RIBEIRO

Ort der Aussprache. Populäre Feminismen

In der von Simone de Beauvoir in ihrem Buch The Second Sex (1949) durchgeführten Analyse wird die Idee aufgeworfen, dass Frauen historisch durch den Blick von Männern definiert wurden. Auf dieser Perspektive begründet der Philosoph die Kategorie des Anderen. Ausgehend von diesem Konzept stellt Djamila Ribeiro fest, dass "keine Gemeinschaft sich als eine definieren kann, ohne die andere vor sich zu stellen". (1)

Wir wollten die Notiz mit diesem Postulat beginnen, um das Thema zu umrahmen: die Trennlinie zwischen dem einen und dem anderen, ein Problem, das nach Beauvoir vom Körper, vom Geschlecht, nach Ribeiro aber auch von einem ethnischen Ansatz aus definiert erscheint.

Bei dieser Gelegenheit stehen wir vor der Herausforderung, diese Grenze aufzubrechen, um eine Geschichte zu erzählen, die nicht unsere, ihre, jene ist, die im Namen einer Hierarchie zum Schweigen gebracht wurden, die aus heterosexueller, weißer und eurozentrischer Hegemonie stammt.

Das Thema, das uns zusammenbringt, „Haut, Körper und Territorium“, gab uns die Gelegenheit, mit drei Frauen zu sprechen, die eine Geschichte mitbringen, die in ihre Haut eingraviert ist. Sie sind Aktivistinnen, Arbeiterinnen, Berufstätige, Mütter, sie sind Frauen afrikanischer Abstammung. Seine Worte bringen Geschichten, die durch Zeiten, Schmerzen und Taten gehen. Wir trafen uns, um mit ihnen zu plaudern, und ihre klaren, schockierenden, wütenden und amüsierten Stimmen übernahmen. Sie sind:

Loana Ramirez, «Ich bin Mutter von Zwillingen». So stellt er sich vor und fügt dann den Rest hinzu: Serviceassistent im Maciel Hospital. Militant und Mitglied der Mizangas-Gruppe. (2) Er liebt Karneval und besonders Candombe. Fernanda Olivar: „Ich bin Mutter von zwei Kindern und Anthropologin“, so definiert sie sich selbst, um dann in der Linie ihrer Tätigkeit fortzufahren: „Ich bin Hochschullehrerin, zwar nicht aus Berufung, aber ich habe es gelernt Ich liebe das Unterrichten und es ist auch ein Feld akademischer Militanz. Ich kämpfe auch in verschiedenen Organisationen des Afro-Kollektivs. María Mael Ortíz erzählt uns: „Ich bin 40 Jahre alt, ich liebe es zu tanzen und zu singen, ich bin Teil der Comparsa Valores de Ansina. Ich bin auch Mama."

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Bei allen dreien ist das Aktionsfeld gut definiert, von dem, was sie sind, bis zu dem, was sie tun. Wenn sie sprechen, erscheint alles Blut als eine Kraft, die den Wert der Worte verstärkt. Drei verschiedene Frauen, mit Charakter und Überzeugung. Als Ausgangspunkt schlagen wir einen Trigger vor. Inwieweit hat der rassifizierte Körper ihr Leben beeinflusst? Es ist Fernanda, die das Wort ergreift, um in der Rede zu organisieren, was in ihnen die Konstruktion ihrer Identität als schwarze Frauen bedeutet hat.

„Ich denke, es ist wichtig, von den Lebenswegen eines jeden auszugehen. In meinem Fall bin ich zum Beispiel Uruguayer, habe aber dreizehn Jahre in Chile gelebt. Ich bin mit vier Jahren gegangen und mit siebzehn zurückgekommen. In Santiago de Chile lebte ich ziemlich zentral, sehr kommerziell. Ein Afro-Mädchen in einem fremden Land zu sein, impliziert bereits ein Thema …“ Wenn wir über Linien sprechen, die künstliche Grenzen zwischen Menschen für die Konfiguration von Identität darstellen, waren in Fernandas Kindheit mindestens drei miteinander verflochten: die Tatsache, eine Frau zu sein, schwarz und fremd, was zum Teil die Person bestimmt hat, die er heute ist. 

Seine Worte kommen von einer ruhigen, aber festen Stimme, während er uns seine Geschichte erzählt. «Mit der Zeit verstand ich, dass diese Erfahrung das erste zentrale Element in der Konstruktion meines Afro-Nachkommens war. Ich bin nicht umgeben von meiner Familie aufgewachsen, noch von dieser Darstellung der Schwärze um mich herum. Ich kam ein- oder zweimal im Jahr in den Urlaub und für mich war diese Begegnung mit einer anderen Welt fantastisch. Ich war immer nah an einigen kulturellen Elementen, aber wenn es um die Schwärze geht, hat mir viel gefehlt. Ich weiß nicht, ob sie sich bewusst war, ein schwarzes Mädchen zu sein. Sicherlich hatte ich kein kritischeres und aktiveres Gewissen, aber ich wusste etwas, denn um zur Schule zu gehen, musste ich mich mit allem Mut bewaffnen, um das "Bad in Milch" zu ertragen! und all die anderen Dinge, die sie mir jeden Tag sagten, mit denen ich auch institutionellem Rassismus begegnet bin ». Während Fernanda uns zu dieser sehr persönlichen Erinnerung an die Hand nimmt, spannen sich die im Interview anwesenden Körper an, als wollten sie das volle Gewicht des Schmerzes dieses Mädchens tragen. Die Geschichte der Frau, die sie jetzt ist und sich ihrer Geschichte bewusst ist, basiert jedoch auf der Überzeugung und Gewissheit, dass diese Wunden eine ihr fremde Last sind.

„Es war eine Zeit, in der es keine Vielfalt von Menschen gab. Den Zustrom von Einwanderern, den es heute in Chile gibt, gab es nicht. 2017 reiste ich durch Santiago und erkannte die Veränderung, die an diesen Orten stattgefunden hatte, an denen ich in völliger Einsamkeit lebte. Jetzt sind sie mehr geschwärzte Orte. In der Nähe meines ehemaligen Viertels liegt Bella Vista, ein superböhmisches Viertel, in dem es einen Salsa-Club gab. Zu zweit zu dritt brachte damals jemand einen Afro-Musiker vorbei und mein Alter rief im Vorbeigehen „Cousin, Cousin!“. So ein Bedürfnis, sich selbst zu erkennen, um sich nicht so allein zu fühlen. Es war schwer. Als ich im Alter von 17 Jahren nach Uruguay zurückkehrte, wo es eine beträchtliche Afro-Bevölkerung gibt, ging ich aufs College. Also dachte ich: ‚Wo sind wir?, und nein, das sind wir nicht. Nach vielen Jahren wurde mir klar, dass dieser ganze Prozess ein grundlegendes Element meiner Identitätskonstruktion als Afro-Frau war. Trotzdem erschüttert es mich jeden Tag. Ich lebe in Uruguay, in meinem Land, und was ich bin, was untrennbar mit mir verbunden ist, bestimmt viele der Dinge, die ich tun möchte.

Loana, die die ganze Zeit ihrem Nicken lauschte, als würde sie mit ihrem Körper sagen, dass sie jedes Wort verstanden hat, erzählt uns von ihrer Erfahrung. Er tut es mit einer eindringlichen Stimme, weniger ruhig und mit einem Ton, der jeden Moment unterstreicht.

«Ich hingegen komme aus einer Familie, in der mein Umfeld afrofarben war. Ich merke, dass ich Afro bin, seit ich sehr jung war. Mit meiner Schwester gingen wir auf eine katholische Schule, wo wir die einzigen Afrikaner waren. Dort erlebten wir zum ersten Mal „das kleine Problem“ der Diskriminierung. Die immer wiederkehrenden Witze der weißen Begleiter über die von uns verwendete Frisur waren der tägliche Angriff. Ich erinnere mich an den Tag, an dem wir zur Kommunion gingen. Wir mussten die Uniform und eine Brosche auf dem Kopf mit dem halben Schwanz tragen. Stellen Sie sich mein Afro-Haar vor, wie hart es war. Meine Mutter hat uns föhnen lassen, um es einfacher zu machen, aber am Tag der Kommunion war eine enorme Feuchtigkeit, ich vergesse nicht mehr, meine Haare sahen aus wie ein Schwamm. Unser Afro-Körper ist alles, vom Finger bis zum Haar. Ich habe Flecken, es war unmöglich, den erforderlichen Halbschwanz zu machen. So erschien immer das Signal, das Unterscheidungsmerkmal, auf das sie vom Spott hingewiesen haben ».

Während Loana mit ihrer zwischen Haut und Haar verwobenen Geschichte fortfährt, haben wir alle das Gefühl, dass die Geschichte zum Schweigen gebracht wurde und dass es notwendig ist, sie auch an Orten aufzuzeichnen, die über die Ränder der Afro-Community hinausgehen, denn außerhalb dieser Grenze ist es wesentlich . Giovana Xavier stellt in ihrem Artikel „Feminismus: Urheberrechte einer schönen und schwarzen Praxis“ zu diesem Thema fest: „Stellen wir uns im Dialog, der sich auch auf Protagonismus, Zuhörkapazität und Ort der Aussprache bezieht, die folgende Frage: was Geschichten werden nicht erzählt, wessen Stimme wird unterdrückt? […]». Dieses Zitat ist ein weiterer Beweis dafür, dass nicht alle Stimmen vorhanden sind und sie zu ignorieren heißt, ihnen ihre Existenzberechtigung zu nehmen.

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In diesem Sinne wirft Loana eine relevante Frage auf, denn wenn die Stimme nicht durch Taten aktiviert wird, muss man sie annehmen: „Ich versuche zu sprechen, um zu erklären, aber ich war ein gewalttätiges Mädchen, denn als sie es taten Verstehe mich nicht, Meine Taktik war, zum Putsch zu gehen und dann wurde ich das Mädchen mit Verhaltensproblemen. Ja, es gab ein Problem, etwas passierte, was mich provozierte, aber niemand hat sich jemals darauf konzentriert. Diese Umstände haben mich geprägt, ich konnte mich im Unterricht nicht konzentrieren, ich konnte nicht lernen, weil mein Körper und mein Geist auf etwas anderes konzentriert waren.

«Natürlich habe ich mich darauf konzentriert, den Raum im Alltag zu überleben – antwortet Fernanda – auf das Existenzrecht, das nimmt viel Zeit in Anspruch. In diesem Prozess entdeckst du dich als schwarze Person. Denn der Rassenunterschied zeigt sich vor allem im Bildungssystem, sobald einem jemand sagt, dass man schwarz ist. Dann entsteht um Sie herum dieser Kontext der Ungleichheit, in dem Sie die Konsequenzen dessen erfahren, was Farbe als Unterschied bedeutet. Als Menschen sind wir verschieden, aber man wird schwarz, wenn man zu verstehen beginnt, dass dies eine Marke ist, ein Stigma, das von außen kommt und einen dazu bringt, seine Realität zu entdecken».

«Yes  — fährt Loana fort — unser Körper wird immer unser Schild sein, bei der Arbeit, auf der Straße. Vor allem für uns schwarze Frauen. Denn im Imaginären gibt es immer noch diese Vorstellung, dass es immer heiß ist, eine schwarze Frau zu sein, dass man immer will und für sie verfügbar ist und nicht. Mein Körper ist mein Widerstand. Ich bin, mit meiner Größe und mit meinem Recht zu sein». Die Frage der Präsenz, der Körperlichkeit auf der Straße hat Variablen. Von der Begierde über diese Körper, die als ein Feld betrachtet werden, das das Recht hat, erforscht zu werden, bis hin zur Nichtexistenz, wo der Körper zu einem Territorium des Konflikts wird. Die Art und Weise, die Räume zu bewohnen, endet immer in Konflikten, weil die weiße und heteronormative Hegemonie sich immer noch als Kolonisatorin verhält.

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Uns bleibt die Stimme von María Mael, aufmerksam, leise und immer mit einem halben Lächeln. An einem bestimmten Punkt bricht er sein Schweigen, um uns seine Geschichte zu erzählen. „Glücklicherweise bin ich im Stadtteil Palermo aufgewachsen, wo es eine beträchtliche schwarze Bevölkerung gab, und ich ging auf die Venezuela-Schule. Wir wussten alle, dass wir aus dem schwarzen Viertel kamen, wo die Trommeln waren. In diesem Zusammenhang mussten wir auch aufpassen, denn es hieß, Schlagzeug hören sei gefährlich, besonders wenn man eine Frau sei. Tänzer gelten als Huren. In meiner Familie war es eine Tante, die uns diese Möglichkeit eröffnete. Gegen alle Widerstände ihres Vaters fing sie an, in der Bantu-Gruppe zu tanzen, in der ihre Mitglieder "nicht so schwarz waren", weil es auch den internen Rassismus gibt. Es gibt das schwarze „che“ und das schwarze „du“. Je nachdem, ob sie zwei oder einen Nachnamen haben, und sie machen einen Unterschied.“ 

Die Innergeschichte, wo Widerstand auch mit der Aneignung von Räumen durch Männer zu tun hat, markiert ein weiteres Schlachtfeld. Anrufe waren schon immer eine Party. Ihre Party, die Afrofrauen als Treffpunkt erobern mussten, wo die wichtigsten Freundschafts- und Unterstützungsnetzwerke geknüpft wurden. In diesem Sinne stellt Loana klar: «Die Anrufe waren unsere und wir haben sie geteilt, aber jetzt sind sie eine Show für die Aussenwelt. Er hat sogar den ursprünglichen Ort geändert. Es tut mir weh, dass sie nicht mehr für Isla de Flores tun, denn das war der Platz. Sie nahmen den Ort ein, an dem die Anrufe getätigt wurden, und brachten uns aus unseren Häusern. Wir leben dort nicht." Es ist schockierend, in Loanas Geschichte einen Gentrifizierungsprozess zu entdecken, der die Afro-Bevölkerung aus ihrem Territorium vertrieben und die Logik der Nachbarschaft und das Ziel der Anrufe neu definiert hat.

Darin haben wir Geschichten zusammengestellt, die viele sind und nicht in einem Artikel behandelt werden können. Es sind Geschichten, die da sind, latent, die herauskommen wollen und ihre Daseinsberechtigung beanspruchen. Dieser Raum wird winzig vor ihren Stimmen. So wie sich Fernanda, als sie aufs College kam, fragte, wo sie waren, fragen wir uns jetzt auch, wo sind ihre Stimmen, ihre Geschichten? Wo können wir ihre Gedichte lesen, ihre Erzählung darüber, wie zum Beispiel die Form des Flechtens mit einer Ressource verbunden ist, die Frauen früher benutzten, um den Weg, den sie gehen mussten, nicht zu vergessen und in ihnen die Samen zu speichern, die sie zum Überleben brauchten! ? Die Fragen häufen sich und warten auf Antworten.

Inzwischen schließen wir diese Notiz mit seinen Worten: „... Das Thema ist die Schwärze, die zwischen menschlichen Beziehungen vermittelt,  das Thema ist, wenn der rassifizierte Mensch davor steht und ihn macht kümmere dich um die anderen, die falsch liegen, denn die Befragung tut weh…». «… Der Prozess ist langsam, und es tut weh, solche verschlossenen Köpfe zu sehen. Wir sind diejenigen, die immer auf der Linie des Widerstands stehen. Von der Geschichte, davon, wie Afros nach Amerika kam, bis heute … Aber alles wird besser werden, da bin ich mir sicher.“

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1.  Djamila Ribeiro. Ort der Aussprache. Populäre Feminismen. Madrid: Ediciones Ambulantes, 2020. 

2   Mizangas ist ein Schutzkragen aus verschiedenen Samen. Die Mitglieder von Mizangas sind diese Schutzkette, die von verschiedenen Frauen gebildet wird.

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Sie rocken und dann

Text von Roxana Rügnitz​​ / Fotografie von Mariela Benítez

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Eine gesunde Frau ist wie eine Wölfin: robust, rundlich,

so mächtig wie die Lebenskraft, Lebensspender,

territoriumsbewusst, einfallsreich, loyal,

in ständiger Bewegung.

Clarissa PINKOLA ESTES

Frauen, die mit Wölfen laufen

Bei SobrEllas haben wir uns einen enormen Luxus gegönnt. Wir haben zwei starke Frauen mit einem überbordenden und großzügigen Talent interviewt. In der Lage, Sie mit ihrer Stimme zu umarmen. Es sind Mónica Navarro und Alejandra Wolff.

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Wenn das Problem, das uns in dieser Ausgabe begegnet, damit zusammenhängt, was mit Kunst passiert, wenn sie vom politischen System verboten wird, haben wir uns in diesem Fall entschieden, einen Sprung über das Buchstäbliche hinaus zu wagen. Untersuchen Sie eine Form des Verbots, das nicht als solches angegeben ist. denn es ist kein effektives Verbot eines aus dem System installierten und allen auferlegten Imperatums .

Wenn es einer Bevölkerung nicht verboten ist, dieses oder jenes Recht auszuüben, aber sein Umfang real zweifelhaft ist, wie würde es definiert werden? Wie analysieren wir den Platz der Frauen im Rock, wenn sie aus dem Zentrum gedrängt wurden, immer an den Platz des Chores, der begleitenden Stimme, des ästhetischen Körpers auf der Bühne? Denn wir können die Relevanz des verbotenen Begriffs diskutieren, aber was wir nicht diskutieren können, ist die große Leere von Frauen, die im Rock-Territorium existiert hat.

Heute stehen wir jedoch vor zwei Singularitäten. Sie sind Frauen, Künstlerinnen, Sängerinnen, sie haben die Pfade des Rock in unserem Land beschritten und sind anerkannt. Sie entdecken den Schleier. Sie sind im heiligsten Sinne des Wortes präsent . Mit dem Körper und mit der Stimme sagen sie alles. Wenn das Interview beginnt, nimmt es in beiden Fällen eine subtile Dimension an, um eine Tür zu öffnen, die geöffnet werden musste.

Es geht um Ellas , um ihre Erfahrungen, um so viele Zufälle.

Monica beginnt mit den Worten: «Das erste, was mir passiert ist, war, meine benachteiligte Situation in der Musikarbeit zu ignorieren. Ich habe es nicht gesehen. Für mich war es normal, eine Vase zu sein, gut auszusehen».

Alejandra ergänzt die Idee: «Versuchen Sie, in die Form zu passen, in die Sie passen sollten».

Jeder, der Monica oder Alejandra auf der Bühne gesehen hat, könnte leicht denken, dass sie auf der Bühne geboren wurden. Sie besetzen diesen Platz ohne Widerstand. Aber es gab und in ihren Geschichten tauchen sie als Offenbarungen dessen auf, was sie während ihrer gesamten Karriere repräsentierten.

„Ich habe erst vor kurzem angefangen, Dinge zu realisieren“, sagt Alejandra. Ich habe bestimmte Formen der Bindung eingebürgert, weil ich es gelernt hatte. Lange Zeit später begann ich mich selbst zu hinterfragen, um zu sehen, was bestimmte Formate unterstützt, was das Hegemoniale begünstigt. Irgendwie habe ich das System unterstützt, jetzt ist es an der Zeit, es abzubauen."

Es kommt vor, dass sie in jedem Wort ein Problem beleuchten, das schon zu lange besteht. Sie wissen es, sie haben es gelebt und problematisieren es heute aus aktiver Reflexion. Mónica denkt mit der gleichen Selbstverständlichkeit wie den Menschen über die Schwierigkeiten nach, durch Meere zu navigieren, die ihr nicht zugewiesen wurden.

«Die Wahrheit, ich habe keine Männer getroffen, die ehrlich gesagt ihr Verhalten abbauen. Alles scheint vor allem im Titel, in der Hülle zu bleiben. Das patriarchalische System ist schlau, alles, was ihm entgeht, schnappt es sich und nutzt es zu seinem Vorteil. Ich weiß also nicht, ob einige Männer eine Position einnehmen, die heute politisch korrekter ist, aber tief im Inneren...».

Am Ende von Monicas Worten stehen Zweifel, ein Scheideweg, der von der Erfahrung getragen wird, Sängerin in einer von ihnen kontrollierten Welt zu sein. 

 

Aber es gibt sie. Sie haben einen Namen, der für etwas im uruguayischen Rock steht. Sie haben einen Platz als Solosänger erreicht. Wie haben sie den Prozess erlebt? Irgendetwas in der Frage veranlasst Monica zu einer Antwort: „Ich beginne mit dem Wort Solistin , was sehr interessant ist. Für uns ist es sehr schuldig, weil wir unser Leben natürlich alleine führen, aber wenn Sie an dem Ort sind, den Sie erobert haben und den Sie verdienen, alleine zu sagen, ah, nun, dort fangen wir an, Mutter zu sein. Wir begannen uns bei allen zu bedanken, die uns diese „Gelegenheit“ gaben. Wir danken, wir zeigen den anderen, wir verlassen das Zentrum wieder. Ich beanspruche allein das Wort. Ich habe ein einziges Projekt. Mein Soloprojekt heißt Mónica Navarro und das bin ich, weil ich es wert bin, weil ich sehr Crack bin, aber ich darf es nicht sagen, weil es anscheinend nicht gut ist, ein cooles Selbstbild zu haben».

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Ale erinnert sich an ihre Geschichte und nimmt uns mit zu ihren Anfängen: «In meinem Fall bin ich mit dem Chor in La Chancha Francisca zur Musik gekommen. Ja, ich habe auch das Gefühl, dass die Suche nach meinem Platz komplex war und damit zu tun hatte, was sie mir erlaubten und was ich mir auch erlaubte. Es fällt mir sehr schwer, zu behaupten, dass ich Crack bin , und es aufrechtzuerhalten. Dabei eroberte ich mein eigenes Terrain. Ohne Zweifel habe ich am patriarchalischen Apparat teilgenommen. Ich habe alles getan, was von mir erwartet wurde, um ihn zu unterstützen, und ich habe es mit Liebe getan, ich bin so glücklich mit dem Leben. Natürlich habe ich oft anderen Raum gegeben, weil ich mich nicht in der Lage fühlte, meine eigenen Kreationen anzunehmen. Heute stehe ich von einem anderen Ort. Ich überdenke, wie ich bei jedem Projekt stehen soll. Wenn Alejandra spricht, spielt sie mit den Worten, sie zeichnet sie mit Klängen in die Luft.

Einiges von dem, was Alejandra über ihre Geschichte erzählt, ist bewegend und lehnt sich gleichzeitig gegen Mónica auf, und dann springt sie mit einem Ausdruck zusammen, der zeigt, dass sich etwas in ihr bewegt hat: „Siehst du? Es gibt einen sehr großen Tuco! Etwas, worüber ich viel mit meinen Schülern spreche. Die Forderung, dass wir gut singen, gut aussehen, alles gut machen müssen, ist eine perfekte Kombination, damit du in deinem verdammten Leben nie wieder etwas tust. Das System versetzt Sie in die Lage, dass Sie sich selbst ansehen und sagen: Ich habe kein Gesicht , ich habe keinen Körper , ich habe keine Stimme ».

Ich höre ihnen zu und denke an die Anzahl von Rockern, von denen noch nie verlangt wurde, wie ein entscheidender Aspekt von Talent auszusehen. Wenn es in dieser Musik einen Startplatz gibt, starten sie dieses "Rennen" mit einem Nachteil. Denn es ist nicht dasselbe, auf einer Bühne zu stehen und überzeugt zu sein, dass Sie Ihr eigener sind und dass dies Ihr Platz ist, zu fühlen, dass Sie sich in einer ständigen Prüfung befinden und dass das Geben des „Ziels“ eine Frage der Wertschätzung eines anderen ist, der es nicht ist unbedingt besorgt. für Ihr Talent.

Ich verliere mich in dieser Vorstellung, als ich sie mit einer Aussage ansprechen höre, die schmerzt und doch für Frauen alltäglich erscheint: „Ich fühle mich wie eine gebrochene Frau. Ich war lange Zeit gebrochen, ohne es zu wissen, und sie halfen mir, jene Teile von mir aufzubauen, die ich nicht verstand. Die jüngeren Mädchen halfen mir.

„Ja, das ist mir passiert“, sagt Alejandra, „es ist, als würden sie dir diese kleinen Teile von dir selbst geben, damit du dich wieder aufrüsten kannst. Dieser BH ist so wichtig. Denn lange Zeit hielten sie uns getrennt, getrennt, wenn Frauengruppen nährten. Wie ein Stamm. Diese Menschen, die Sie lehren und Ihnen all die Weisheit vermitteln, die andere Frauen gereist sind. Wenn Sie diese Unterstützung erkennen, die wir gemeinsam repräsentieren, ist das erstaunlich.

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Es gibt so etwas wie eine Einheit, die uns durchdringt und die wir verstehen können, wenn wir uns als Teil des Stammes entdecken, von dem Alejandra spricht. Wir sind ein Körper, der mit der Heftigkeit schlägt, ohne die Regeln zu existieren, die andere geschaffen haben, um uns zu betäuben. Diese Vision ist vollständig und erweckt uns zu einer anderen Bewusstseinsebene, die mit der Liebe verbunden ist. Es gibt etwas Neues, aber Altes in diesem Konzept. Monika definiert es. Er erzählt von einem Treffen, das er vor ein paar Stunden mit einem Freund hatte. Er erinnert sich, dass sie sich umarmten und über Machismo und die Listen gewalttätiger Männer in allen Kunstsparten sprachen. Während sie über das Treffen spricht, spricht Mónica auch über die Liebe: „[…] Ich verstehe, dass die Liebe, die wir empfinden, eine politische Liebe ist. Lieben reicht einfach nicht. Die Zuneigungen oder Pausen verwandeln sich in Wissen im Dienste anderer Frauen».

Beim Aufbau einer persönlichen Geschichte kreuzt uns immer ein Verb. Das Verb ankommen , das normalerweise den Weg verzerrt. Was bedeutet es, in Ihrem Universum das zu werden, was Sie heute sind? Alejandra antwortet, indem sie über die Kosten des Ergebnisses nachdenkt: „Es ist ein Prozess mit vielen Verlustmöglichkeiten, weil die persönliche Transformation Sie zwingt, sich zu bewegen, Ihren bequemen Platz zu verlassen, zu verstehen, dass es nicht da ist. Das birgt immer ein Risiko.

Monica denkt über Alejandras Wort nach, nicht im gegenteiligen Sinne, sondern ergänzend: «Am Ende gibt es keinen solchen Verlust. Es gibt viel mehr Gewinn, aber für das Patriarchat ist das Gefühl des Verlustes profitabler. Sie lassen uns einander als Konkurrenz sehen. Sie konfrontieren uns, damit „der Meister“, der seine Favoriten hat, seine Gewinne erzielt, während er Sie glauben lässt, er habe Sie anderen vorgezogen». Und darin liegt der Schlüssel, die Schatten, in denen die Frauen von der Mitte getrennt sind, wie eine Art Versteck im vollen Licht.

Ich bin in der Geschichte von beiden gefangen. Sie sind zwei vollwertige Frauen, voller Ressourcen, die bestrebt sind, ein aktiver Teil der paradigmatischen Veränderungen zu sein. Ich verrate Ihnen ein Geheimnis: Sie sind es bereits. Sie zeugen davon, was es bedeutete, im Rockuniversum nach den Vorgaben anderer sein und existieren zu wollen. Heute sind sie verwurzelt in der Stärke ihres Talents, in der Überzeugung, dass Tun Saat ist – wie andere auch in sie gesät haben – um aus dem Schatten herauszukommen.

Monica, in diesem Anfall voller guter Energie, definiert die Sache neu: „Kunst ist der Schatten“ und lässt uns etwas versunken zurück, weil wir eindeutig von einem Paradigma durchzogen sind, das den Schatten als das Negative liest. Es ist in dieser Idee installiert, seltsam, anders, die uns komplex macht, und es ist notwendig, dass es so ist.

So postuliert er die Idee des Lichts als ein Werkzeug, das aus der Hegemonie kommt und das gemäß seiner ideologischen Position entscheidet, was beleuchtet wird. Kunst existiert jenseits jedes äußeren Fokus. Es ist eine Kraft, die durch alle Ecken und Winkel geht, und vielleicht wohnt dort die Vorstellung von Kunst als Schatten. Weil es jenseits der Form existiert.

Alejandra und Mónica haben gezeigt, dass jede äußere Kraft, die versucht, sie daran zu hindern, zu existieren, es einfach schafft, ihre künstlerische Natur zu verbessern. Verstärken Sie ihre Ressourcen in jeder Weise, die notwendig ist, um Kunst als politische Aktion zu nutzen: weil sie auf der Bühne ein politischer Ausdruck dessen sind, was möglich ist.

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Sie im öffentlichen Raum

Text von Roxana Rügnitz​​ / Fotografie von Mariela Benítez

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„Je mehr Frauen als soziale Subjekte an Bedeutung gewinnen, desto offensichtlicher werden Diskriminierungsstrategien. Geschlechterdiskriminierung basiert wie alle anderen Diskriminierungen auf Machtdynamiken und wird von dieser in all ihren Dimensionen durchzogen.

Ana Soledad Gil – Wissenschaftliche Zeitschrift für Psychologie.

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Sie sind überall. Sie sind eine unerschöpfliche Schöpfungskraft, aber vor allem sind sie eine Bewegung des Beharrens und des Widerstands.

Eine der schrecklichsten Formen des Schweigens war es, den Wert der Worte des anderen herabzusetzen und die Bedeutung ihrer Existenz zu mindern. Wenn wir aus einer mythischen und ursprünglichen Perspektive von dem Wort ausgehen, wird es notwendig sein, die ursprüngliche Bedeutung zu beachten, die ihm alle Kulturen gegeben haben. Das ausgesprochene Wort ist schöpferisch, daher existiert das, was das Wort nicht sagt, nicht.

Sie haben historisch hinter ihm existiert und wurden von der Sprache absorbiert, als politische Strategie, die ihren Platz in der Geschichte definierte.

Damit die Rollen eingebürgert werden, wurden unbestreitbar großartige Geschichten geschaffen, durch die eine ökonomische und eine erotische Heteronomie auferlegt wurde, die den menschlichen Wert nach Geschlecht als Wahrheitsprinzip festschreiben wird. Geschichten, die die Zeiten überquert haben und sich im kollektiven Unbewussten so weit eingenistet haben, dass der Platz, der der sexuellen Natur nach zugewiesen wurde, passiv akzeptiert wurde. Während wir durch die frühen Jahre des 21. Jahrhunderts gehen, werden wir Zeugen einer Generation junger Frauen, die sich als Zeichen des Wandels zu Wort gemeldet haben. Sie attackierten uns mit „Mee Too“ und mit „The rapist is you“, als Platte einer neuen Stimme, die genug sagt.

Heute trifft sich SobreEllaS mit diesen jungen Frauen und Jugendlichen zwischen 15 und 19 Jahren, um in ihren Worten zu entdecken, wie es ist, eine Frau zu sein und öffentliche Räume zu bewohnen.

Wenn wir mit dem Vorstellungsgespräch beginnen, ist das Angebot ein sofortiger Auslöser. Wir müssen anmerken, dass ihre Altersunterschiede kein Faktor waren, der als Indikator für mögliche unterschiedliche Reaktionen beobachtet wurde, da sie alle auf dasselbe Problem hinweisen: Angst vor Belästigung.

Sie unterstreichen sofort den Unterschied, den das Durchqueren dieser Räume impliziert, wenn man nicht Teil der privilegierten Bevölkerung ist: männlich, cis, hetero und weiß – so ihre Beschreibung. Diese Kategorien kündigen eine Realität an, die von mehreren unsichtbaren Barrieren bestimmt wird, die die öffentliche Frage neu definieren.

Die Analyse variiert also je nachdem, aus welchem Blickwinkel die Realität betrachtet wird. Der öffentliche Raum stellt weiterhin ein Risiko dar, wenn Sie eine Frau oder eine Dissidentin sind, da die Gefahr nicht nur auf den allgemeinen Angriff beschränkt ist, sondern auch die tägliche Exposition gegenüber dem beinhaltet, was sie als „ständige Belästigung auf der Straße“ bezeichnen. Auf die Straße zu gehen, stellt für sie eine Reihe früherer Handlungen dar. Denken Sie an den Weg, den sie gehen werden, die Kleidung und die Möglichkeit, immer begleitet zu werden.

Für mich bedeutet es, wachsam zu sein. Was sehr anstrengend ist, emotional und körperlich. Wir müssen stark werden, um damit fertig zu werden. Lunas Worte, installieren Sie das Problem prägnant. 

Renata greift das Thema doppelt an, wenn sie sagt: In öffentlichen Toiletten zum Beispiel fühle ich mich nicht wohl, weil Männer oder Körper mit Penissen reinkommen können, um es klarer zu sagen, und ich weiß nicht, wie sie sich verhalten könnten , im Zweifel. darüber, dass andere bedrohlich sind, ist immer als Zeichen vorhanden, das sie an Gefahr erinnert.

Während wir mit ihnen, mit allen von ihnen sprechen, entdecken wir, dass die Art und Weise, die öffentliche Sphäre zu bewohnen, vom Körper abhängt, von der äußeren Struktur, die besessen ist oder die aus Identität aufgebaut wurde, um einen Übergang von mehr oder weniger zu definieren Freiheit.

Dann erscheint diese Frage der Freiheit als problematisierter Parameter, wenn der Körper nicht auf die hegemoniale Kategorie reagiert.

Sie installieren das Konzept der Unterdrückung in diesen Räumen, insbesondere wenn sie aus sexueller Sicht definiert werden. Die Hypersexualisierung unseres Körpers, die Unsicherheit, die wir im Umgang mit unserem Aussehen empfinden. Es ist sehr schwierig, sich von diesen Rollenklischees zu befreien: Was ist süß, was ist attraktiv, was zielt auf männliche Zustimmung ab.

Diese kulturell installierten Formate sind ein so gut durchdachter Kunstgriff, dass selbst die jüngsten Feministinnen, die sich der Notwendigkeit bewusst sind, Teil des Wandels zu sein, die tiefgreifenden Schwierigkeiten erkennen, die die Flucht aus der Norm, aus der Reproduktion einer gewalttätigen Struktur, jenseits darstellt Die Konsequenzen. Ihre Körper von einem ästhetischen, persönlichen Ort aus zu denken, ohne dabei wie Puppen in einem ewigen Schaufenster der Männlichkeitsfreude zu erscheinen, setzt eine permanente Anstrengung voraus.

Meine größte Angst ist, dass dies niemals enden wird. Mögen sie immer die Ersten sein, die gehört und verteidigt werden, dass wir so verwundbar sind, dass wir nicht einmal etwas über die Gewalt sagen können, die wir erleiden, weil wir dann zu den Bösen werden. Ich wurde so oft auf der Straße belästigt und meine einzige Möglichkeit ist, meine Freunde anzurufen und zu weinen.

Während sie ihre Geschichten erzählen, erinnern sie sich und die Spannung kehrt zurück, mit der Erinnerung an den Körper. Vielleicht ist das der Grund, warum sie in einem Atemzug nachlassen, wenn sie über das Unterstützungsnetzwerk sprechen, das sie unter ihren Altersgenossen aufbauen mussten.

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Ich frage sie, ob sie denken, dass sich diese Realität irgendwie ändert. Wenn sie eine Möglichkeit sehen, das Paradigma zu verändern, in dem Chancengleichheit möglich ist.

Die Übung, die sie machen, ist vorübergehend, vergleichend. Sie blicken zurück in die Geschichte, sie denken an ihre Mütter und dann sagen sie, dass aus dieser Perspektive wichtige Veränderungen zu beobachten sind. Allerdings steckt in ihnen ein „aber“. Die Geschichte ist nicht abgeschlossen.

Es gibt immer noch viel Frauenfeindlichkeit, viel Machismo. Nicht nur bei älteren Menschen, sondern auch in unserem Alter. Viele Menschen, die nichts wissen und nichts hinterfragen, was das Wichtigste ist, um dieses Paradigma zu dekonstruieren. Es ist wichtig, unsere Handlungen und unsere tief verwurzelten Gedanken zu überprüfen, weil wir mit ihnen geboren werden und sie uns mit ihnen sozialisieren.

Stille entsteht manchmal als Suche nach Ideen. Sie wollen alles sagen, weil es nicht leicht ist, in einer erwachsenenzentrierten Männerwelt zu sprechen, in der das Wort eine Machtressource ist.

„Manspleining“, wiederholen sie . Die Bestätigung der männlichen Stimme wird zur Meinungsmacht – heißt es. Die Reaktion wird von Frustration und Wut unterstrichen. Diese Aspekte sind starke Indikatoren für alles, was uns noch fehlt. Ich denke, dass die Note bei einem Register quälenden Pessimismus bleiben wird, in den Worten junger Frauen, die sich damit abgefunden zu haben scheinen, die Veränderungen nicht zu sehen, und doch sind sie es, die meine Gedanken mit der Festigkeit ihrer Stimme stoppen.

Der feministische Kampf hat es uns ermöglicht, dorthin zu gelangen, wo wir sind. Dies ist eine einfache Fahrt. Viele Dinge aus einer feministischen Perspektive zu verstehen, verändert dein Leben und du wirst nie wieder derselbe sein. Jeder hat seinen persönlichen Prozess, deshalb befinden wir uns auf verschiedenen Ebenen der Dekonstruktion. Da muss man geduldig sein, aber auch fordernd, denn so werden Veränderungen verarbeitet.

Es ist notwendig zu verstehen, was die Position des Menschen in Bezug auf dieses Problem ist, und zu verstehen, dass er gegen sein eigenes Privileg kämpfen muss.

Wir sind das politische Subjekt des feministischen Kampfes und sie sollten, wenn sie wirklich daran interessiert sind, das Patriarchat auszurotten, ihre eigenen Vorschläge machen, über Mikromachismo sprechen, ihn identifizieren, um Gewalt zu überwinden.

Mir bleiben seine Worte, seine eigenen Definitionen des historischen Prozesses. Ich bleibe mit dem seltsamen Gefühl der Ungerechtigkeit zurück, wenn wir von Jugendlichen als Menschen sprechen, die sich für nichts interessieren und plötzlich, wenn wir ihnen die Möglichkeit geben, zu sprechen, sie ein paar Punkte dazu klären.

Bleibt die Frage nach der differenzierten Nutzung öffentlicher Räume. Mit unfairer Angst. Mit dem Gefühl, keine Garantien zu haben angesichts der Blicke, der verbalen Arroganz oder der versuchten Beschimpfung des anderen, der glaubt, dafür da zu sein.

Ich bleibe vor allem bei der ungeheuren Kraft dieser Frauen, die ihre Realität kennen und versuchen, sie zu beeinflussen.

Das Letzte? Letzteres ist für den anderen, der den öffentlichen Raum bewohnt, ohne sich der Angst vor anderen bewusst zu sein. Ich schlage eine Frage vor: Identifizieren Sie die Verhaltensweisen, die geändert werden müssen, um transformierende Agenten der Geschichte zu sein.

Danke an Luna, Renata, Azul, Dafne und viele andere, die ihre Namen nicht nennen konnten, weil Angst mächtig ist und immer noch gültig ist.

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Die Stille verlassen 

Text: Roxana Rügnitz​​

„Der Stumme will sprechen, kann es aber nicht; wer schweigt, kann sprechen, will aber nicht, und gerade dieser Charakter der Freiwilligkeit lädt das Schweigen mit Bedeutung auf“ C. Amorós, 1991

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 Foto: Mariela Benítez

An einem ruhigen Nachmittag im Mai treffen wir drei Frauen, für die der Mai mehr ist als nur ein Zeitrahmen. Im Laufe der Jahre ist es zu einem mythischen Raum geworden, der von Stille geprägt ist. 

Der Akt des Schreibens über das Schweigen ist an sich schon ein brutaler Akt, der gegen sein eigentliches Wesen verstößt. Dabei denke ich an sie. In der Geschichte, die sie durchzieht. Ich betrachte ihre Stimmen als ein Manifest dessen, was passiert ist. Ich überprüfe meine Notizen, ich streiche sie durch und schreibe noch einmal, keine Frage genügt, nichts, was ich sage, kann die richtige Dimension haben, um die Fenster seiner Erinnerung zu öffnen.

Heute bewegt mich diese Begegnung an Orten, die ich nicht erklären kann. Ich muss ein Schweigen brechen, meins, wie ein eindringendes Gespenst, das um Einlass bittet. Ihre, wie ein reflexartiger Akt, der ein altes Schweigen unterbricht, verschwommen, unsicher, in anderen Geschichten verborgen, das Schweigen von danach.

Der Raum voller Kunst- und Kaffeedüfte, serviert in kleinen Sorocabana-Tassen, empfängt uns. Ich schaue sie an und versuche mir vorzustellen, was sie in dieser Gefangenschaft waren und was sie zwischen dem Menschlichen und dem Symbolischen sind. Ist ihnen das bewusst? Ich vermute, ich werde es bei dem Treffen herausfinden.

Heute sprechen wir bei SobreEllaS mit Antonia Yáñez, Isabel Trivelli und Graciela Nario.

 

Zu Beginn des Interviews wird versucht, eine Aufzeichnung früherer Ideen und Erklärungen zu finden, um dem Körper gerecht zu werden.

Ich denke über meine erste Frage nach. Ich suche in meinen Notizen danach, ich möchte intelligent klingen, ich möchte, dass diese Stimme, die die Stille unterbricht, einen Sinn ergibt, und doch erkenne ich meine Ungeschicklichkeit. Ich schlage zwei Stille vor. 

Die Stille der Gefangenschaft und die Stille der Freiheit. Jene Binomie, die zu dem repressiven Schweigen des Gefängnisses und einem anderen, der Erleichterung im Außen führen könnte, wird hier umgedreht oder komplexer. Es ist diese Stille, die ihre Erinnerung weckt, und dann sprechen sie.

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 Foto: Mariela Benítez

Elisabeth beginnt. Eine ruhige und präzise Stimme, die die Geschichte einfühlsam zusammensetzt und uns in die Erfahrung ihres Schweigens versetzt, „von der Militanz bis zur Haft und dem Ausgang, die Anzahl der Haft und des Schweigens, die wir durchgemacht haben!!!!“. _cc781905 -5cde-3194-bb3b-136bad5cf58d_

Mir ist klar, dass ich ein privilegierter Zeuge bin, dass das Wertvollste an diesem Treffen darin besteht, sie sitzend zu sehen, sich mit Großzügigkeit auszutauschen, ein Gespräch zwischen alten Gefährten, und ich schweige, damit ihre Worte diejenigen sind, die den Raum bewohnen.

Graciela flattert mit ihren Ideen und sagt: „Das Schweigen der Militanz hat uns geprägt. In der Diktatur mussten wir zum Schweigen bringen, was wir taten, was wir dachten und was wir waren. Wir haben diese Dualität gelebt, einerseits das Leben des Alltäglichen, des „Normalen“ und andererseits das, was wir getan haben, überzeugt davon, eine Utopie zu erreichen.“ In seinen Worten gibt es eine Aufzeichnung dessen, was wir noch nicht ausgearbeitet haben. Die jüngste Geschichte schlägt uns immer noch zu nahe, es scheint, dass wir die Stille gewählt haben, die Gänseblümchen an den Wänden, während wir diese Geschichten in den Stimmen ihrer Protagonisten verstecken, ohne mehr. Ich weiß nicht, es ist eher eine Idee, ein Impuls, der mich das sagen lässt, bewegt von der Wut einer offenen Schuld. 

„Während der Diktatur wurde die große Stille von großem Lärm begleitet“ – bestätigt Graciela – „im Stiertreiben mussten wir miteinander kommunizieren, um herauszufinden, was sie den Begleiter von nebenan fragten, aber wir waren es genau beobachtet, also sahen wir uns gezwungen, ein Kommunikationssystem zu generieren, und wir lernten, mit unseren Fingern zu sprechen“.

Die drei sehen sich an, und ein Subtext zieht sich durch diese Blicke: „Wenn du im Kerker bist, ist die Stille, auf die es ankommt, diejenige, die es dir ermöglicht zu hören, was im nächsten Kerker passiert. Da waren auch die Geräusche der Unterdrücker vor unserem Schweigen“.

Isabel nickt und fügt hinzu: „Der Kerker, in dem wir waren, war ziemlich ruhig. Am Ende des Korridors war ein Tor und das Geräusch dieses Tores markierte alles. Solange dieser Zaun geschlossen war, waren wir ruhig, aber wenn jemand diesen Zaun berührte, veränderte sein Lärm alles.

„Und es gab eine andere Stille“ , unterbricht Graciela, „als wir mit anderen Frauen in der Kaserne waren, wir waren ungefähr vierzig, einige waren mit ihren Babys, wir beschlossen, unsere Stimmen zum Schweigen zu bringen, weil wir an diese Babys dachten, für die vierzig Frauen nicht sprechen konnten gut sein. Also haben wir ein System entwickelt, um wenig und leise zu sprechen.“

Isabel erinnert sich an eine andere Form des Schweigens, das Schweigen der Geheimhaltung, und sieht Antonia an.

„Ja, das Schweigen des Untergrunds hing von den Umständen ab. Oft musste das Schweigen „hier wohnt niemand“ eingehalten werden , Antonia, die Kämpferin, die ehemalige Häftling, die Untergetauchte, ist auch die Literaturlehrerin, die ihre Geschichte mit poetischen Bildern füllt. Die Idee eines Hauses, in dem es einen „leeren“ Raum gibt, führt mich unweigerlich zu Cortázars Geschichte „House Taken Over“, ich weiß nicht warum, aber ich stelle mir diese Geschichte vor, von dem Ort, an dem er ohne lebt bewohnen. „In diesem Haus gab es einen geliehenen Raum, das Haus funktionierte weiterhin für die Welt, aber es war niemand im Raum. Dann war die Anwesenheit von Kindern in solchen Situationen eine andere Sache. Wir mussten ein Treffen mit Pedrín jonglieren und einen angemessenen Kontext für ihn schaffen. Wenn man sich so oft zum Schweigen bringen musste, ist es schwer zu erklären, was es bedeutete, in den Untergrund zu gehen und eines Tages verhaftet zu werden, und dann ist alles vorbei."

„Wenn du fällst, könnte die Stille so stark sein wie das Wort. Ich denke an das Gefängnis, an den Lärm der Folter, ja, aber auch an den Lärm der Erweichung." Antonias Stimme führt uns zurück an einen Ort, der durchaus der einer Geschichte sein könnte. Als ihr Unterdrücker die Verhandlung installiert, entsteht der Text: Don Quixote kommt, um sie mitten in einer brutalen Tat zu retten. Denken Sie daran, mit ihm das Thema Verhandlung aus Kapitel 4 von Don Quijote zu besprechen, um ihm zu zeigen, dass es nicht möglich war, zwischen Ungleichen zu verhandeln. 

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 Foto: Mariela Benítez

Die Worte weben in ihnen intime Erinnerungen und gehen weiter. Sie sprechen über die Treffen im Gefängnis, über die unterschiedlichen Stimmen und das Schweigen zwischen denen, die angekommen sind, und denen, die schon lange dort waren, über das Erbe von Kleidung und die Bedeutung der Gesundheit. Lernen Sie, in kleinen Räumen, in denen es nur ein Badezimmer gab, auf sich selbst aufzupassen, als eine Form des Widerstands, um keine Schwäche zu zeigen.

Die Stille, die nicht lange auf sich warten ließ, war die Stille des Körpers, dessen, was es bedeutete, eine Frau im Gefängnis zu sein. Ein Schweigen, das zuerst in ihnen war, weil sie nicht darüber sprachen, was ihnen widerfahren war. Nicht einmal in der Haft sprachen sie über den Körper, über das Sexuelle. Plötzlich bringt Graciela ein Bild hoch: „Wir waren Körper mit Kapuzen“ und in diesem Satz verschwinden sie.

Isabel erinnert sich, dass sie über das sexuelle Thema sprechen konnten, lange nachdem sie gegangen waren. Die Richtlinie war anders, sagt Antonia. Sprechen Sie über Politik, über das Dokument von Santa Fe, aber nicht über dieses Thema. Der Ausgang zieht sie in eine weitere Stille. Was mit ihnen geschehen war, spielte keine Rolle. Es war nicht signifikant im Vergleich zu den Verschwundenen, verglichen mit den Todesfällen. Die Worte besiegelten eine Geschichte: "Uns ist dasselbe passiert wie allen."

Zwanzig Jahre nach der Veröffentlichung wird das Bedürfnis nach Begegnung und Erinnerung deutlich. Das wird ein Treffen von ihnen sein, allein, weil ihre Geschichte sagen wird: "Wen wird es interessieren?". „Wir haben geschwiegen, um keine Opfer oder Heldinnen zu sein“ , diese Worte trafen mich innerlich hart.

Ich stelle sie mir in dieser anderen Gefangenschaft vor, der der Freiheit. Die Beschränkung, nicht zu reden, weil es nicht wichtig war, weil es andere Dinge zu tun gab. Ich denke an sie alle im Selbstexil, die zwanzig Jahre brauchen werden, um ans Licht zu kommen. Als Ergebnis dieser Treffen, von privaten Stimmen, werden mehrere Veröffentlichungen erscheinen, die die öffentliche Erinnerung an all diese Frauen darstellen werden.  

Es wird später kommen, die Zeit für rechtliche Beschwerden. Nur 28 Frauen denunzierten das alles. Vor dieser Zahl, betont Antonia, „war dies ein Problem aller Frauen, die inhaftiert waren, und alle Frauen wissen es.“

Jetzt, wo ich in der Sicherheit meines Zuhauses dieses Interview vorbereite und, als ob ich könnte, entscheide, was in die Notiz aufgenommen werden soll, wende ich mich ihnen zu, sitze, rede, habe den Mut, alles zu sagen und es präsent zu machen wieder.  

Die Worte bleiben in meiner Erinnerung und Brust schlagen. Ich habe das Bild von Antonias Verblüffung, als sie fällt und Compañeras trifft, die seit 1972 dort waren. Isabels Worte kommen mir in den Sinn: „Wir waren aus politischer Sicht nicht von Interesse für sie, sie sprachen darüber uns darüber, ob wir gut oder ob wir dünn waren“. Ich werde von Wut überwältigt, wenn ich daran denke, dass sie vermummt, nackt, mit auf den Rücken gefesselten Händen und ihren Unterdrückern ausgesetzt sind. Wenn wir an Wahrheit und Gerechtigkeit denken, gibt es viel mehr Stille, als wir uns vorstellen können. Es gibt viele Wahrheiten, die noch unausgesprochen und ungehört sind. 

Während der Bericht endet, weist Isabel darauf hin , „dass wir auch von der Bildfläche verschwinden müssen, weil die Erinnerung nicht unsere ist. Es ist nicht unser Erbe."

Und alle drei sind sich einig. Sie bekräftigen eine Überzeugung, die Vorstellung, dass in den Jüngsten eine Kraft steckt, die sie mit einer Hoffnung erfüllt, die verloren schien. 

Heute halten wir die Erinnerung für ein Symbol, aber was steckt dahinter, womit ist diese Erinnerung gefüllt? Wir müssen es als Gesellschaft lösen, es ist eine Schuld, eine Leere, die immer noch in diesen Ellipsen bleibt ...

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 Foto: Mariela Benítez

ÜBER SIE

Text: Roxana Rügnitz​​

Es will ein Ort sein, an dem die Spuren von Frauen, die etwas zu sagen haben, entdeckt und nicht immer erkannt werden.

Sie sind immer da

irgendwo in dem Gebiet sind sie.

mit seinen verschrumpelten Händen

mit seinen müden Augen

mit geschnürter Haut

zwischen Glaube und Groll

Sie sind.

Diese Frauen

erstellt

Schlamm und Wind

gekennzeichnet mit dem alten Siegel der Sünde

Diese Frauen entkleideten, kratzten, träumten, erfanden ... entfremdete Körper

einer Geschichte

dass er sie nicht gezählt hat

Werden sie eine Erinnerung sein?

Werden sie Illusion sein?

Sie waren ein Gefäß für andere

ausgefranste Liebkosungen


 

Im Territorium deines Körpers

Alle Schlachten wurden geschlagen


 

Seine Hände weben

Lieder und Stille

Sie haben so lange gewartet

Sie haben so viele Wünsche verankert

Sie haben ihre Verse in fremder Haut verfasst

aber sie sind immer noch da

Sie sind Ellas, die die Meere der Geschichte überqueren

Geheimnisse säen

sie sind immer noch da

fähig zu erschaffen und zu transformieren

weil seine Türen

wir haben geschlossen

im Nebel der Zeit

um die Stimme zu verhindern

dann warten sie

einen verborgenen Mut nähren

warten

heute sind wir sie

und wir sind andere

In diesen Grenzen wird Ihren Worten ein wenig Wasser sein

das lindert die schmerzen

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 Foto: Mariela Benítez

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