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Las edades de Lilith

Lilián Toledo: Poesía y círculos de escritura colectiva


Texto y fotografía: Virginia Mesías

Versos en Vena

Notas sobre escritura poética

Conocí a Lilith veinticinco años atrás durante mi primera práctica docente; tenía que preparar una clase sobre el segundo relato de la creación en el Génesis del Antiguo Testamento y apareció un nombre del que nunca había escuchado; entonces supe que existió otra mujer en aquel jardín incierto y que fue borrada sin siquiera llegar a probar el fruto; al parecer, la transgresión fue más original que el pecado de conocimiento. Y sí, primero está el deseo, la decisión sobre el cuerpo y la necesidad de un lugar, la claridad de la voz.


El diccionario de Juan-Eduardo Cirlot la presenta como:

Primera mujer de Adán, según la leyenda hebrea. Espectro nocturno, enemigo de los partos y de los recién nacidos. […] En la tradición israelita corresponde a la Lamia de griegos y romanos. Su figura puede coincidir con Brunilda, en la saga de los nibelungos, en contraposición a Crimilda (Eva). […] Lilith puede surgir como amante deseñada o anterior olvidada… Posee cierto aspecto viriloide, como Hécate «cazadora maldita». La superación de este peligro se simboliza en los trabajos de Hércules mediante el triunfo sobre las amazonas.


Parecería que siempre es así: somos espectros transitando la oscuridad, mujeres malditas, hechiceras terribles hasta que algún héroe sobrehumano, seguro de sí, nos elimina para salvar al mundo de nuestra amenaza.


Entonces cuando hoy recuerdo a Lilith como primera mujer, la más antigua de nuestra tradición occidental, voy a los poemarios y talleres de Lilián Toledo (Montevideo, 1959), poeta y coordinadora de espacios de creación en torno a la palabra y el cuerpo, publicó obras en colectivo e individuales, se formó en psicología social, integra el Colectivo de Psicología Política Latinoamericana y es referente nacional de la Red de Género y Salud de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (alames). Las Hijas de Lilith se llaman sus círculos de escritura y diálogo que tuve la oportunidad de visitar un sábado de comienzos de marzo. Ahora, cuando releo mis notas, encuentro algo que Lilián mencionó: «Mientras haya palabras, hay direcciones» y «No hay palabra sin cuerpo». Así vuelvo a una de las experiencias de esa mañana de marzo: sosteniendo un pequeño espejo de mano, las participantes comenzamos a caminar mirándonos a nosotras mismas por ese reflejo y a mirar a las otras a través de ese espejo que, a su vez, se enfrentaba a otros donde veíamos fragmentos de cuerpos como el nuestro y así, no solo la palabra entraba en movimiento, sino la sensación de extrañamiento al observar como a escondidas, sin saber cuándo otros rostros nos iban a devolver la vista. «Sin cuerpo no nace la palabra. Y sin palabras no se construyen memorias. Convocamos nuestras palabras para recrear nuestros cuerpos y reescribir memorias», dice la autora en su blog.


Así fue como Lilián me facilitó el primer poemario sobre el tema —Lilith y su presencia en la poesía, en nuestro imaginario hoy—: Celebración de Lilith (Índigo Editoras, 2018). Luego seguí hacia publicaciones posteriores: Luego del principio: Lilith y Adán (o viceversa) (Dragonas, 2020) y Memorias del desierto (Astromulo, colección Camino Sinuoso, 2021). Aunque reconozco que fue el llamativo y acertadísimo título de Príncipes decapitados (Astromulo, Camino Sinuoso, 2020) quien me llevó a conocer a Lilián Toledo.


En Luego del principio… se desarrolla una reinterpretación de los vínculos en aquel origen tan discutido. En el libro primero que corresponde a Lilith, al igual que libro segundo de Adán y el tercero en el cual aparece Eva, los textos breves, sin títulos la mayoría, se van sucediendo en las páginas, y las estrofas podrían ser poemas independientes que se hilvanan en el discurso de una voz externa que va desplegando el misterio del carácter, las decisiones y actitudes de aquellas criaturas frágiles y antiguas:

[…] por ello/ en el principio inventar rituales se convirtió en alivio […] pero ese adán/ tan inmaduro como ella tan desorientado/ tan frágil temió ceder/ probar/ investigar (o sólo no supo qué decir)

[…] estaban justo a punto de inventarse: el norte aún no tenía sentido […] por primera y única vez desde su voz de mujer que desgajó el aire: pidió ayuda/ solicitó escucha esperó diálogo tan solo llegó un mandato: «arréglense entre uds./ yo de hacer el amor, nada sé…»


En la introducción a Memorias del desierto, Lilián expresa que el poemario: «Recoge autocríticas, recuerdos, reflexiones, ritmos y deseos de una mujer con sus años y sus aprendizajes encima. De eso se trata decir. […] quiere hacer visible a la madurez como una nueva oportunidad de aprendizaje. O eso intenta.» Así vuelve Lilith con el transcurrir de sus siglos, con su madurez en «la exacta medida del deseo» (como propone un verso del libro anterior). También con la carga y las consecuencias de tanto tiempo pasado, como dicen estos fragmentos de los poemas vi y viii de la primera parte Luego del exilio:

difícil decidir su color. a veces es rojo mar, otras rojo montaña. y en el nadir del sol/ sobre el mar; la roja, la sola; soy yo/ […] sola seguí/ roja y sola sombra en la noche/ brisa en el viento y los años hicieron de mi exigua existencia tan sólo un fondo sobre una figura.


Cuando conversamos con Lilián para este artículo, en un momento le comenté: «Qué terrible tener a Lilith como madre, cuánto pagaríamos después de adultas en terapia, mejor ser sobrina, tendríamos menos presión, o amiga, seguramente amiga de Lilith sería interesantísimo, lo que podríamos charlar tomando una copa sería invaluable». Y así llega la confesión íntima con la que se cierran las páginas del desierto:

envejecida/ quizás sabia/

seguramente solitaria

ni siquiera sé si sigo estando allí/ escondida

debajo de tersas pieles

que me provocan y conmueven mi desnudez

hecha de pliegues

y este deseo/ (aún)

antiguo pero cierto/

esculpido a rojo

en mis memorias.


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¹ Cirlot, Juan-Eduardo. Diccionario de símbolos Colombia: Labor, 1994.

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