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  • Piel Alterna

Hockey y fútbol



Texto por Elena Solís / Fotografía por Virginia Mesías

Disidencias



Estoy en una reunión de padres del colegio de mi hija, a principio de año, hay que planificar cosas. El tema son las actividades extracurriculares. Tengo que prestar atención. Sin embargo hay fechas para otras cosas. Está el family day, las fechas patrias, la kermesse de los liceales de cuarto que quieren viajar al exterior. “Pasan divino”, aseguran las madres, así que una va haciéndose a la idea de que hay que lograrlo, “mi hija tiene que viajar”, me digo. Están las actividades para lograr que este viaje se lleve a cabo, porque es muy costoso. No es sólo la kermesse, sino unas cuantas reuniones previas para planificar tareas. Una cantidad de eventos destinados a juntar plata para enseñarles que, aunque sus padres tienen suficiente dinero, está bueno hacer un pequeño esfuerzo para conseguir las cosas que uno se propone. Pero como los padres no hacen esfuerzo, desconocen ese esfuerzo, los niños no lo aprenden.

Todas las madres llevaron cuadernos, menos yo. Las madres están acompañadas de los padres. Anotan cosas en los cuadernos. Los padres les indican qué anotar, que no se olviden de esto y aquello.

Hace tiempo que tengo la mano levantada para decir algo. Pero desde que soy libre tienden a no mirarme ni darme la palabra en las reuniones de padres. Claro, yo mantengo la mano levantada hasta que no tienen más remedio que hacer un gesto hacia mí para dejarme hablar. Me paro y pregunto en voz muy alta:

¿Y cuando tenemos sexo?

Se hace un silencio. Supongo que necesitan una explicación más, así que digo:

“Por mi parte, Paty tiene partido de hockey los sábados de mañana, los domingos también de mañana. No sé si saben que esa es una de las mejores horas que tenemos las parejas para, ahí elijo un eufemismo “hacer el amor”, sobre todo los fines de semana. Porque los días de semana hay que levantarse temprano para llevar a los chiquilines al colegio y después ir a trabajar. Y de tarde los chiquilines están despiertos, son muy perceptivos y si se dan cuenta de que una se mete en el cuarto generalmente van a golpear la puerta, buscan la manera de impedirlo. Además, de noche, después de la jornada laboral siempre hay miles de cosas para hablar. En cambio, los fines de semana estamos más descansados y justo ahí resulta que tenemos que llevar a los chiquilines al campo de deportes. Ya es hora de que los colegios dejen de esforzarse por socavar la vida sexual de los padres o de las parejas que hayan conformado los padres. Es evidente, por un tema de horarios y de carga horaria, que hacen todo lo posible para no dejarnos tener sexo.”

El silencio se mantiene por unos segundos. Como corresponde a sus funciones, la Directora lo rompe. Dice que ese colegio siempre se ha manejado así, que los padres están conformes con esa forma de funcionar, luego repite cambiando una palabra: los matrimonios están conformes, nunca se ha planteado ese tipo de cuestión. Claro, ella sabe que yo no tengo un matrimonio.

Nadie sale en mi defensa.

La Directora agradeció a todos por venir. Así que ahí todos se levantan de sus sillas. Agradecen a las autoridades del colegio por lo que sea que ellos sientan que deben agradecer. “Gracias, gracias, gracias” se escucha varias veces.

A la salida intento hablar con algunas madres. Pero el tema no me interesa. Están planeando un té de madres. Es una reunión bianual que se suma a toda la apretada agenda que implica el colegio de mis hijos. Es un té de madres por grado, así que para mí son dos tés de madres, a los que no pienso ir. Para otras son seis o siete.

Extraño a mi mujer, todavía nadie sabe que una mujer hermosa me espera en la cama. Corro hacia ella.



Elena Solís, Montevideo, 1968. Escribe desde que aprendió a escribir. En el año 2000 empezó a conservar sus escritos con algún ánimo serio pero incierto. Editó cuatro libros unitarios: “Babosas y fósforos”, “Neuronina”, “Entre las mantas” y “Yo quería ser Elena Solís”. Ha participado en numerosas antologías de cuentos y recientemente de poesía. Tuvo algunas menciones en concursos literarios. Su narrativa fue publicada en diversos medios. Coordinó y coordina “No es para tanto, escribir es una aventura con poco riesgo de vida”, espacio de creación literaria que va adoptando diversas formas según las necesidades de los participantes, incluida ella. Tiene dos hijos. Se enamoró varias veces, pero nunca como ahora. Vive con cuatro bípedos y tres cuadrúpedos. Estos seres que la rodean, el amor, algunos sueños, fantasías, y enojos, constituyen el eje de su literatura.



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Solís, Elena, "Yo quería ser Elena Solís", prólogo de Laura Freixas, Madrid, Colección Opera Prima, Ediciones Turpial, 2015, 1era edición.


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