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  • Piel Alterna

El teatro: un territorio sin fronteras

Texto por Roxana Rugnitz / Fotografía por Alejandro Pérez Saco

Escenidades




La migración en el mundo ha sido, es y seguirá siendo fluctuante y diversa, cruzada por cuestiones de clase, de género, de orígenes, etc. La experiencia migratoria puede ser temporal o permanente, pero siempre nos atraviesa. Atraviesa nuestros cuerpos, nuestros pensamientos, nuestras subjetividades […] Somos personas de tránsito. Pero ¿qué es ser migrante? ¿Acaso no somos todes, desde siempre, migrantes?

KALIBÁN USINA TEATRO



Paula Gonzáles, la autora de Corporalidad Migrante, afirma que: «El desplazamiento de los sujetos de un lugar a otro, de un territorio, pueblo, ciudad o país a otro, no es un temática que pueda acotarse como un problema contemporáneo, sino que es una característica que ha acompañado a los sujetos desde siempre». Sin embargo, el tema se ha vuelto particularmente relevante en la actualidad, al involucrar diversas perspectivas, desde el aspecto político, económico, demográfico, cultural, entre otros, por lo que el fenómeno se vuelve sumamente complejo de abordar.


Tal vez por eso es indispensable la mirada que se instala desde la escena, donde esas dificultades se van dibujando a través de múltiples símbolos, como una propuesta en la que horizontalizamos las miradas con el objetivo de sentir el problema. En este sentido, Sudaca, como un acontecimiento escénico, aterriza en el espacio teatral todas las miradas, todas las formas, todos los sentires sobre esta cuestión.


Sudaca nace en 2018, antes de la pandemia. Diana Veneziano (actriz, directora y docente de teatro, fundadora de Kalibán Usina Teatro) lo propone al colectivo, y desde el inicio, surge con el nombre Sudaca: «A partir de la idea de investigar los procesos migratorios de quienes integramos el equipo, elaboramos un proyecto en el que íbamos a trabajar con Ana Kavalis y Oriana Iristy desde Berlín y con Adán Torres desde España». Esto les implicó articular distintas formas creativas, aún antes de que la pandemia lo hiciera necesario.



El proyecto se desarrolla desde un principio dentro de este parámetro de la virtualidad, por lo que el tema de la obra está atravesado por el nivel temático en distintos planos: desde su origen —la historia que decidieron contar— hasta el formato de trabajo, que implicó ensayos virtuales, ya que todo el equipo se encontraba en distintas partes del mundo. Toda la propuesta se sustenta en las experiencias reales y personales de los integrantes del proyecto. Diana cuenta el proceso: «Hubo una búsqueda para el acopio de materiales que surgían de distintas ideas. Yo les tiraba estímulos, interrogantes sobre el tema y cada uno iba respondiendo en el formato que quería: audio, video, material escrito, fotografía, etc. La segunda etapa fue la de selección de los materiales para darle forma a la dramaturgia escénica. Plantearle estos aspectos a las actrices fue lo más difícil, porque debían realizarlo desde la distancia y en soledad, hasta que nos encontramos todos, para hacerlo cuerpo en el espacio real».


La propuesta de Veneziano es, en este sentido, todo cuerpo. Desde el enfoque a la realización, podemos comprender hasta qué punto el teatro es un cuerpo que late y configura un organismo en el que nace una historia contada a través del movimientos y la respiración, como cajas de resonancias de imágenes e ideas.


Sudaca O Sud/Acá, es un relato sobre mujeres que han migrado por distintas razones. Esta obra tiene varios aciertos, el primero de todos: existir en la voz y el cuerpo de sus actrices y su directora, en una puesta que combina inteligencia y sensibilidad. Otro de sus aciertos es que no se trata de una historia que contamos acerca de lo que viven las migrantes, ya que son ellas, las artistas, quienes han debido emigrar, y entonces ponen el cuerpo en escena para contarnos sus vivencias. En este sentido, me pregunto si esta obra puede enmarcarse dentro del teatro de autoficción.


Sudaca es un espectáculo amplio, complejo, que recurre a las imágenes, la música, la plasticidad del cuerpo en escena y la palabra como un recurso más. Todos estos aspectos confluyen, en un entramado armonioso, para impactar en otro cuerpo, el de los espectadores, que son quienes van hilando el relato, uniendo imágenes, captando símbolos y conectándose con sus propias concepciones sobre la migración.

La forma de narrar, que también podría entenderse desde la corporalidad, se vuelve el acceso hacia la subjetividad de las protagonistas. Una vez que ingresamos a la propuesta como espectadores, somos capaces de atravesar con ellas el abismo que existe en el migrante, entre la idea llena de esperanzas y una realidad cargada de incertidumbres.


¿Se puede hablar de una fisiología del migrante? ¿Podemos analizar los cuerpos que migran con valijas repletas de expectativas, de miedos, de desesperación, cuando es el único recurso para existir? Sin duda, las diferencias de los cuerpos migrantes están determinadas por la historia, por la situación socioeconómica y por su género. Cuando el cuerpo de los migrantes es de mujer, entonces se configuran otras singularidades, determinadas por el paradigma androcéntrico que aún las considera como un objeto de deseo y conquista. Si ese cuerpo es ajeno, extranjero y pobre, se inscriben en él relatos de vulneraciones, se transforma en un territorio de conquista y abuso.


Las historias que podemos construir a través de Sudaca —siendo nosotros mismos sudacas—, son múltiples. En todas ellas, las tres artistas, mujeres, migrantes, nos van dejando huellas que no pretenden tener un orden. Los espectadores serán quienes escojan las piezas que necesitan para la pintura que se está montando. Algunas de esas huellas son reconocibles, por ejemplo, el momento en que se produce la separación del núcleo, la familia, la tierra. Los recuerdos vienen como oleadas insistentes para que el olvido no las abrace, entonces, soñar con una hermana, pensar en una calle, o en una costumbre, se convierten en un ancla de identidad original. Luego surgen nuevas pistas, el cuerpo en estado de migración, ser otro en un país extraño, aprender una lengua, llevar en la voz registros sonoros que te identifican como no perteneciente. Aprender a existir en pedazos. Las tres actrices van configurando todas estas formas, para hacernos testigos del proceso en que el migrante termina construyendo un territorio distinto, limítrofe entre la patria y el país que de migración.


Definitivamente, Sudaca es una propuesta que trasciende lo teatral, es un espectáculo completo y es, además, una tesis que deberíamos tener bien presente, sobre quiénes somos en tanto humanos, a dónde pertenecemos, por qué imponemos fronteras que delinean formas de existencias y dan categoría a las personas. Tres actrices, bailarinas, tres talentos escénicos plantan su cuerpo entero en Sudaca para decirnos que es indispensable repensarnos como especie, reconquistando el derecho a existir donde queramos hacerlo, porque somos ciudadanos del planeta Tierra.



Sudaca

Dirección: Diana Veneziano.

Elenco: Oriana Iristy, Esther Jerez y Ana Kavalis.

Dramaturgia escénica: Diana Veneziano y Sergio Marcelo de los Santos

Dirección de Arte: Adán Torres.


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