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  • Piel Alterna

Cuando el teatro rompe el silencio

Sobre la obra “Muñecas de Piel” escrita y dirigida por Marianella Morena


Por Roxana Rügnitz



El teatro no es un territorio de silencios y sin embargo los contiene.

Cuando pensé en esta nota yo ya tenía las entradas para ver Muñecas de piel en la Sala Hugo Balzo. Tenía claro que su texto estaba atravesado por una temática compleja y definida por el silencio. El único inconveniente era que este número saldría antes de que pudiera ver la obra pero decidí alterar el proceso. Escribiría a partir de la voz de Marianella, de su idea original y de los mecanismos utilizados para llevar los hechos reales a la ficción.


Nos encontramos en el Cibils, en el taller de Gustavo. Fuimos atravesando el espacio que, estaba segura, le despertarán todas las posibilidades escénicas que aún no existen.


Una vez instaladas, encuadro la entrevista con una sola propuesta. Apunto al origen, la llevo al momento en que nace la idea y empieza a hablar “La noticia aparece en la prensa y casi de inmediato se me instala una imagen. Ella rodeada de agua”. La imagen nace del suicidio de “Jana”- usamos el nombre de la ficción- vinculada a las denuncias del caso conocido como “Operación océano”. Proceso judicial que arranca en noviembre del 2019 por explotación sexual de adolescentes en nuestro país. El brutal silencio que contiene ese relato está escondido en nuestra sociedad, tiene su fuente en el aspecto sexual con un sesgo nuboso, donde el cuerpo de una mujer se vuelve territorio de acción y dominio en el que su voz no importa.


Foto y fotomontaje: Mariela Benitez



Marianella comienza una etapa de investigación sobre el tema, de la que surgirán los primeros textos “aislados y muy poéticos”. Hay una visión de extrañamiento sobre ese origen que parecía no tener mucho que ver con el universo de esas chicas “aparentemente frívolas por su comportamiento en redes, por su manera de exhibirse, por su obsesión con las marcas, y sin embargo se me instaló lo poético, especialmente en relación con Jana” La palabra inicial inmediatamente viene a dialogar con la escena “la imagen era la de ella dentro de una pecera con agua, con agujeros a través de los cuales entran y salen micrófonos” y entonces nace el texto como traducción de esa visión, como un proceso de desentrañamiento de lo que en ella estaba contenido.


En el trayecto de la investigación, el periodista Antonio Ladra publica los nombres de los implicados. Revolver en historias acalladas, definidas por la protección del silencio no iba a ser fácil, había que romper esa barrera, abrir los cerrojos para que la historia real pudiera aparecer en las voces de todos los actores. Eso sucede, en principio, a través de las entrevistas que realizan con la fiscal y los abogados defensores, con interpol, con las víctimas y los acusados.


“Es muy importante el encuentro con el otro. Uno está cargado de los prejuicios de lo que son los demás. Definimos previamente al otro, lo que se espera de ese otro a partir de lo que construimos. Uno arma e instala a alguien en un lugar a partir de su visión de las cosas”.


“En Darviña, por ejemplo– se refiere a la fiscal a cargo - encontré alguien liso, sin ninguna construcción desde su lugar. No había un microrelato en ella”.


Desarticular nuestra mirada del otro para procesar la información desde un lugar más puro, donde no existan los ruidos de una visión construida previamente, abandonar nuestras ideas para escuchar, como mecanismo de creación, ser capaces de silenciar sus propios prejuicios. Hay en Marianella, una conciencia de la importancia de la honestidad intelectual para la escritura de su teatro.


“Cuando fuimos a interpol, pensaba encontrarme con un espacio en donde estuviera la masculinidad al palo, todos los machos juntos y sin embargo me encontré, sí, visualmente con esa testosterona gráfica, materializada y sin embargo, lo primero que dicen es que ellas eran víctimas en todo esto. Plantearon una distorsión entre la imagen que mostraban, como sexis y al hablar, se notaba que eran unas nenas”.


El encuentro con ellas, señaladas muchas veces como las “provocadoras”, también tiene que ver con desmontar las miradas ajenas que trastocan los roles y colocan al abusador en el lugar de “víctimas” porque eran hombres “de bien”, “buenos padres”, “buenos trabajadores”. Es allí donde nace el silencio del que todos somos responsables. Desde una sociedad que predefine y no supone que lo malo pueda estar representado por esos conceptos.


Foto: Mariela Benitez


Le propongo a Marianella que su teatro tiene algo de documental, gestado entre hechos que nos ubica, como humanos, en lugares complejos, en zonas oscuras como un mecanismo de visibilización de esos males que hemos barrido bajo la alfombra. Ella, sin embargo responde con otro análisis, “en lo artístico reivindico mucho la creación con el uso de todas las herramientas. Para mí, trabajar estos temas tiene que ver con la forma en que dialogo con mi contemporaneidad. No me atrae demasiado esa necesidad de ubicarla: es teatro documental?, es bio drama?. Lo que me interesa es tener algo vivo entre las manos, porque me obliga a estar en un lugar de alerta y esto siempre representa riesgos”.


Vuelve a la obra, vuelve al origen, y piensa en Jana, como su principal motor. “Al principio quería hacerle un homenaje, porque las personas mueren pero los personajes viven. Cuando la introduzco en la ficción se transforma en personaje para ingresar a la eternidad. Esa era mi idea original, porque había buscado la etimología su nombre - el verdadero- y encontré que significa “la que nunca muere””.


Hay en la voz de Marianella una mezcla de certezas y rabia. La certeza de lo que quiere contar en su obra y la rabia de pensar en una adolescente de 17 que decide quitarse la vida. Una adolescente que tenía dos formas. Por un lado la que era Sugar baby y por otro la que aparecía escondida en su diario personal, la que está obsesionada por su imagen pero al mismo tiempo va a Cinemateca y lee a Tolstoi. Siento que algo se nos ha escapado a todos en su suicidio. Siento que hemos vivido muy cómodos con la idea de que lo bueno y lo malo son diferentes y fácilmente reconocibles. Los hombres que son definidos como “buenos” pagaban para que estas niñas fueran muñecas, quietas, calladas, dispuestas para un deseo que parece no formar parte de lo que, como personas, debiéramos ser capaces de contener.


La actriz que va a representar el personaje de la “muñeca” es Sofía Lara, con ella trabajan, desde el cuerpo, la idea de fragilidad , lo que es pasible de ser manipulado. Aparece así lo que Marianella define como, “El cuerpo que renace y vive o el cuerpo muerto en vida. Muerto cuando tiene sexo porque no es un sexo elegido. Un cuerpo que hace lo que tiene que hacer pero no está sostenido por la intención”.


La obra tiene un último silencio, el que sufre todo el teatro nacional. Aún no ha podido ser estrenada. Nos hemos quedado con un teatro acallado, detenido con la excusa de la pandemia, mientras otros sonidos siguen anunciando que el valor que predomina está en el mercado.


Ficha artística de la obra:

Texto y dirección Marianella Morena

Elenco: Álvaro Armand Ugón, Mané Pérez y Sofía Lara

Música, Maia Castro.

Diseño de Espacio, Ivana Domínguez y Mariana Pereira


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