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  • Piel Alterna

Creamos realidades

Mujeres que construyen para resistir


Texto y fotografía por Mariela Benítez

Piel Crónica




A gente não quer só comida/A gente quer bebida,

diversão, balé/A gente quer comer e quer fazer amor/A

gente quer prazer pra aliviar a dor….

«Comida» de Titãs


Junio del 2020: un viernes, me invitan a escuchar música en vivo. Es raro porque todo está cerrado, pero acepto. Esa noche, algo pasa y casi casi desisto. De pronto me llega un mensaje preguntando: «¿estás viniendo? Te esperamos para arrancar la música». Voy y, cuando llego, me reciben abrazos y los primeros acordes. Había llegado a Musiquitas.

Y Musiquitas se siguió haciendo en lo de Mar y Lore. Sus casas dejan de ser suyas, mudan de sentido para ser espacios abiertos, donde se cuida cada detalle: saben tu nombre, te esperan con café o té, una manta para el frío, luces tenues que ambientan la charla.

¿Cómo nace Musiquitas? Agosto del 2021: hace unos días me junté con Lore, Moni, Xime, Mar y Euge para conversar sobre la vivencia en Borboleta Multiespacio, que se ha vuelto el nuevo hogar de Musiquitas. Siento, al escucharlas, que lo que las une y fortalece es el amor y el juego: «Yo no estoy acá para ganar plata […] estoy para disfrutar, compartir y crear juntas», dice Moni. Busco algunas claves y aparece una: «Crear realidades, darnos cuenta de que podíamos crear algo que queríamos que pasara», dice Euge. Me queda dando vueltas esa expresión, crear realidades.



Es un momento en el que se impone un pensamiento único e irreversible, solo queda: «adaptate como puedas». Escucho a cinco mujeres mágicas y poderosas que se propusieron generar un lugar de encuentro por el placer de compartir, comer, beber y, sobre todo, escuchar música que les guste.

El escenario pandémico tiene varios actores: el miedo; la incertidumbre; un gobierno que clausura lo cultural sin sostenerlo, porque lo prefiere callado y quieto; unos medios que colaboran con el clima de encierro, paranoia y control sobre las personas y colectivos. Nuestras vidas están atravesadas por la pandemia: nuevas formas de trabajo, una resignificación del tiempo y de los afectos, un repensar los vínculos y más. Pero es claro que todo lleva a la fragmentación, al aislamiento, a ver al otro como amenaza.

Dice Moni: «La cultura y el arte siempre fueron herramientas de expresión. Y en este momento conviene que los artistas no se expresen y no digan nada. Eso fue algo estratégico, no se dio por casualidad, porque en el shopping no se generan esos espacios críticos y de diálogo para intercambiar pensamiento, por eso no es necesario cerrarlos». En ese marco, ellas se animan a salvaguardar espacios sagrados: encontrarse en la música, estar cuerpo a cuerpo, sin pantallas en el medio. Dice Euge: «Poner el cuerpo, de estar realmente, físicamente de estar ahí, compartiendo. Además de ser una necesidad para nosotras, también era simbólico: nos vamos a juntar, vamos a estar, vamos a mirarnos y eso es, o era, ir contra todo lo que nos decían que había que hacer, incluso pila de veces me generaba esta contradicción […] si estaríamos haciendo bien y después lo vivía como “es esto, este es el camino”».




No es casual que estas mujeres puedan crear realidades. Ellas son amigas, algunas desde la adolescencia, que se fueron cruzando en la vida. Literalmente, cosen y tejen realidades artesanalmente. Aparece otra de las claves: la confianza. Hay lugar a la duda, a los sentimientos, a la discusión, a la diferencia: «Algunas animándose a más y otras con más miedos, balanceando y siempre tomando decisiones». Crean desde el colectivo: ellas se reúnen, deciden, invitan, organizan, cocinan, te reciben, preparan el lugar para que todas disfrutemos (el femenino es casi literal porque, según ellas dicen, la mayoría del público somos mujeres).Y, sobre todo, ellas disfrutan. Las ves gozadas y lo transmiten. Los roles varían según cómo es y cómo se siente cada una, según la demanda y el tiempo.

Crean desde lo autogestivo porque sienten que es el camino, «sin romantizar la necesidad de hacer por carencia» ni eximir al gobierno por su ausencia. Son autogestivas entre ellas y hacia otros colectivos, apoyando a otros emprendimientos similares (cerveza artesanal, pizzas caseras, el almacén de barrio, entre otros). Y esto es a conciencia: «Estamos todos en el horno, no sigamos alimentando lo otro». Los artistas aceptan por la misma razón que ellas y las personas que asisten: la necesidad de encontrarse, de cantar y escuchar. Vuelvo a cantar a Titãs: «Bebida é agua/Comida é pasto/ Você tem sede de quê?/ Você tem fome de quê?».

Apuestan a la música en vivo, porque piensan en artistas que no han podido tocar o ni siquiera presentar discos nacidos en medio de la pandemia. Y quien hace música necesita ser escuchado, necesita ese contacto. Una está cerquita, se siente la vibración de la guitarra, la voz desenchufada. Estamos respirando el mismo aire. Nos miramos. Se generan diálogos, se genera una complicidad en lo clandestino, entre quienes asisten y con la vecindad. Ellas cuidan el entorno y los horarios para que así sea.



En cada Musiquitas, contraseña de por medio y con un máximo —perdón, aforo— de treinta personas, quienes vamos contamos con una copa de vino, un plato de sopa o una porción de pizza (para veganos, sin muza), música y tiempo. Yo siento que en ese lugar y en ese momento, soy recibida y agasajada especialmente. Puede o no gustar quien canta, pero, luego de tanta virtualidad, la cercanía se vuelve una experiencia singular.

A lo largo de ocho encuentros, han pasado más de doce artistas (1) , entre bandas, dúos y solistas que agradecen a estas cinco mujeres poderosas, valientes. Valientes porque, en un momento de desconcierto y desasosiego, se animaron a construir espacios de resistencia. La clandestinidad suele nacer de la censura y la violencia, pero también habilita y potencia la búsqueda de caminos y rendijas por las que entre el aire. Musiquitas es un ejemplo. Y por suerte no son las únicas: hay otras azoteas, terrazas, acciones culturales, comunitarias, obras de teatro para cinco personas en una casa. Acciones que se vuelven acciones políticas desde las entrañas, que permiten generar espacios de discusión y compartir otras formas de ser, estar y de construir vínculos afectivos y sociales. Construir redes que sostengan. Nos sostengan.



___________________

(1) Daniel Jacques y Rodrigo Gambetta, Guillermo Wood y Marcos Alejandro, Hermanos Hernández, Pamela Cattani y Sebastián Gagliardi, Diego Presa, Todo lo que dice, Alejandra Wolff y Martín Rojas.

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