Texto y fotografía por Mariela Benítez
Piel Crónica
“Si a una niña se le regala una muñeca se le está regalando por añadidura su maternidad. Si a un niño se le da un autito lo que se le regala es la capacidad de manejar. La capacidad de seguir un camino y encabezarlo.” Diamela Eltit
En mi familia se sabe poco de la familia. Nos perdemos de las raíces. Y luego de mí, no habrá familia.
No habrá quién me siga ni me reclame.
No habrá quien me olvide ni me recuerde.
No habrá quien se pregunte ni responda.
No habrá quien lleve mis ojos o mi sonrisa.
No habrá quien herede algo de mi carácter.
No.
No habrá quien busque en mis libros mensajes, frases subrayadas, hojas secas, o quien guarde mis fotos o libretas. Las maderas gastadas se perderán junto a los cántaros que aún guardo.
Después de mí, no habrá nadie.
No tengo hermanos ni sobrinos.
No tengo hijos. Si alguna vez los soñé mientras los deseos comenzaban a habitar mi cuerpo, me encontré diciendo no y la maternidad quedó junto a las muñecas, atrás. La maternidad es la opción de quien la desea.
No tengo nietos. La sagrada línea de continuidad se vuelve finita y acabará cuando yo muera.
No hay angustia, hay intensidad frente a lo que no se puede cambiar. Simple registro.
Soy.
Tú "no" contienen un "sí"
Somos pura contradicción y finitud.
Me recordó la canción de Maria Bethania/ Tocando em frente.
Tus imagenes son tus palabras.
Pura presencia.
abreso
mariaemilia
Gracias! Entrega total y así somos, pletóricos de fragilidad y finitud.